Valadrem

«Parecen fuegos de artificio»

30 de octubre de 2016

It's A Heartache

Me habría gustado que esta entrada hubiese sido la continuación de una que escribí hace hoy un año, en la que a lo largo de más de mil quinientas palabras contaba por qué hablaba tanto de la serie My Little Pony: Friendship is Magic (espoiler: porque me gustaba). Ya no lo podrá ser, primero porque aquella entrada no ya existe, pero también porque me temo que esta entrada es un poco diferente.

A principios de verano escribí una entrada en un momento de sana rabia homicida. Aunque me extendí bastante, básicamente se podía resumir en que me retractaba de todas las veces que había hablado de esta serie, pedía disculpas por haberla recomendado e incluso lamentaba haberlo hecho. Pocos días después borraba aquella entrada y admitía que había sido un error. También decía que, más adelante, intentaría escribir una entrada que dijese lo que quería haber dicho entonces. Creo que hoy es un buen día para eso.

De todos los motivos que se me ocurren para ver una serie, acabar cabreado porque el episodio que acabas de ver es completamente espantoso no es ni de lejos uno de ellos. Acostumbramos a ver series porque nos gustan, y además las series suelen tener el buen gusto de volverse aburridas antes de volverse indignantemente estúpidas. Que una serie cambie su tono por completo convirtiéndose en una patética burla de lo que era en temporadas anteriores es algo poco frecuente, así que los episodios genuinamente insufribles suelen ser meros casos aislados.

Podría contar con los dedos de una mano los episodios de todas las series que he visto alguna vez que han sido lo suficientemente repugnantes como para conseguir cabrearme. O, mejor dicho, hasta este año podía. La sexta temporada, que se ha emitido este año, ha conseguido ampliar esa lista por primera vez desde que empecé a ver la serie. Varias veces. Al principio intenté pasarlo por alto pensando que era uno de esos errores aislados. Pero a medida que el "error" empezó a repetirse, cuando me di cuenta de que acababa cabreado después de ver una serie que había estado elogiando y recomendando, decidí que tenía que retractarme. Ese fue el motivo que me llevó a escribir la entrada de este verano.

Hace pocos días terminaba por fin esta infame temporada, que, pese a lo que escribí en verano, he acabado de ver, más por afán masoquista que por tener un mínimo de esperanza en que mejorase. Mentiría si dijese que todos los episodios han sigo igual de horribles, como también mentiría si dijese que los pocos buenos episodios han bastado para que esta temporada me dejase un buen sabor de boca. El estilo del nuevo equipo de tarados que lleva la serie choca frontalmente con el de temporadas anteriores y, aunque un puñado de episodios hayan conseguido salvarse, el camino que lleva la serie es descorazonador. La serie alegre y amable que conocía está siendo sustituida a marchas forzadas por un engendro desagradable y cruel por el que no siento más que asco. No he cambiado de opinión sobre esta temporada pero, si escribo esta entrada en lugar de republicar lo que escribí en verano, es porque ya no pienso exactamente lo mismo que entonces.


Creo que cuando recomendamos algo no lo hacemos pensando en cómo será en el futuro, sino en cómo ha sido, en lo que ya hemos tenido tiempo de conocer. Al menos así fue cuando recomendé la serie. No la recomendaba pensando en lo que estaba por venir, sino en todos los episodios que ya había visto y me habían gustado, en los personajes a los que había cogido cariño, en las aventuras que estos personajes habían compartido, en el mundo en el que se desarrollaba la acción, hasta en la música. Nada de eso ha cambiado, nadie puede tocar esos episodios que ya se emitieron.

En realidad, por muy desagradable que sea que una serie sea destrozada por unos putos gilipollas, a todos los efectos no es muy diferente a que la serie sea cancelada de repente. En uno de los casos te habría gustado ver más episodios de la serie y en el otro prefieres ignorar la basura que jamás debería haberse emitido, pero al final en ambos casos tienes unos cuantos episodios que te gustan, un infausto punto de inflexión y la triste certeza de que "tu" serie ya no existe y jamás volverá ni tendrá un buen final. Si eso no es motivo para repudiar una serie cancelada, tampoco debería serlo con una serie mutilada por unos incompetentes.


Decía este verano que lamentaba haber recomendado la serie. Hoy creo que es una equivocación pensar algo así. Sí lamento haber visto esta temporada y preferiría no haberlo hecho. Sí es cierto que jamás se la recomendaría a nadie. No puedo negar que sigo pensando que una cancelación hubiese sido algo más digno que esto, ni que ya no tengo la más mínima esperanza ni el menor interés por los episodios que puedan vomitar esta panda de imbéciles en el futuro. Pero no lamento en absoluto haber recomendado la serie que recomendé. Porque, a día de hoy, volvería a recomendar la serie que tanto apreciaba y que todavía aprecio, la serie que empecé a ver hace hoy tres años y la serie que, después de solo cinco temporadas, desapareció sin previo aviso y sin que tuviera ocasión de despedirme de ella.

Despedirnos de algo que queremos siempre da un poco de pena. Las despedidas son tristes. Las despedidas que no nos esperamos y para las que no estamos preparados son mucho más tristes. Pero si me despedí de la también fantástica Gravity Falls, una serie con la que compartí mucho menos tiempo, creo que esta serie merecía, con mucho más motivo, una digna despedida. Una despedida que no fuese la amarga bilis que le escupí injustamente en verano, sino una despedida desde el corazón. O, al menos, lo más parecido a eso que sea capaz de hacer, considerando las circunstancias. Creo que ha llegado el momento de esa despedida.

Adiós, pequeños ponis. Os echaré de menos.

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# | Publicado: 15:22

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