Valadrem

«Parecen fuegos de artificio»

30 de octubre de 2017

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Un año más. Esta debería ser la cuarta entrada, pero no lo es. O tal vez sea raro que esté aquí, y aun así está. Debería decir algo, creo, pero supongo que el hecho de que esta entrada exista es suficiente. Me alegro de poder publicarla. Y, la verdad, esta vez espero que esta tampoco sea la última.

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# | Publicado: 15:51

27 de octubre de 2017

Realidad

¿Vais a dejar que una pequeña realidad nos detenga? Voy a deciros algo. Lo único que me ha permitido seguir viviendo una vida asquerosa con un mínimo de dignidad es negar siempre la realidad.
Hal
Malcolm 5x07 - Árboles de Navidad (2003)

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# | Publicado: 15:45

27 de septiembre de 2017

Firefox ha muerto, hasta nunca Firefox

Una de las primerísimas entradas que escribí en una de las anteriores vidas de este blog, allá por 2005, fue para hablar de Firefox. Llevaba unos meses usando el entonces nuevo navegador, desde antes del lanzamiento de Firefox 1.0 y, como muchos otros por aquel entonces, estaba absolutamente encantado con él. Ahora lo damos por sentado, pero cuando muchos descubrimos la navegación por pestañas, no podíamos creer que hubiéramos podido vivir sin ese invento hasta entonces. Y aunque hoy resulte ridículo, todo lo que representaba Firefox tuvo una consecuencia inesperada: miles de "evangelistas" en cada esquina de Internet hablando de lo maravilloso que era el nuevo navegador.


Lo cierto es que este amor hacia Firefox no venía solo de las pestañas. Firefox supuso un cambio radical respecto a lo que existía hasta entonces al dar una prioridad absoluta a la libertad del usuario. Y la mayor expresión de esta libertad eran las extensiones. Las extensiones de Firefox podían hacer cualquier cosa, desde añadir nuevas funciones al navegador hasta modificar completamente la interfaz del programa. Desde comprobar la ortografía de lo que escribías hasta descargar todas las imágenes de una galería con un solo clic. Aunque el concepto de "libertad" no era extraño en el software libre, el modo en el que Firefox lo implementó sí fue una gran novedad. Añadir una barra de herramientas nueva a Gimp es una ardua tarea, pero cualquiera que hubiera escrito una línea de código podía hacer su propia extensión para Firefox sin mayores dificultades. Cualquiera podía usar Firefox exactamente como quisiera, sin ninguna limitación.

Creo que era eso, más que ninguna otra cosa, lo que hacía de Firefox un gran programa. Hacía, en pasado. Hoy de ese Firefox que nació en 2004 solo queda el nombre. Bien es cierto que era la crónica de una muerte anunciada. Influida por los cada vez más cerrados ecosistemas de Microsoft, Google y Apple, Mozilla llevaba ya años convirtiendo Firefox en una descafeinada versión de lo que otrora fue. La mayor puñalada, aunque no la única, fue hace dos años, cuando Mozilla decidió que únicamente se podrían instalar en Firefox aquellas extensiones que hubieran sido previamente aprobadas por Mozilla. Por "seguridad", por supuesto, igual que todos y cada uno de los cerrojos que Microsoft, Google y Apple ponen a sus productos. Con el lanzamiento de Firefox 57, las extensiones no solo deben estar aprobadas por Mozilla, sino que ya solo pueden hacer lo que Mozilla ha autorizado expresamente.

Los desarrolladores de DownThemAll! y Classic Theme Restore lo explican mejor que yo, pero todo viene a resumirse en que, en nombre nuevamente de la "seguridad" (¡cómo no!), las extensiones que antes podían hacer virtualmente cualquier cosa ya no podrán hacerlo. Todas las extensiones que tuvieran una funcionalidad un poco más compleja que añadir un botón a la barra de herramientas para ver el Facebook de tu tía Enriqueta ya no podrán hacerlo. A partir de ahora solo podrás usar Firefox como Mozilla crea conveniente. No es diferente a Internet Explorer o Chrome, Mozilla no ha inventado nada, pero el Firefox en el que podías hacer absolutamente lo que quisieras ya no existe, la última pizca de "libertad" que quedaba en Firefox ha desaparecido definitivamente. Resulta descorazonador ver apagarse aquel faro que durante trece años había iluminado Internet, permitiéndonos soñar con un mundo en el que nosotros controlamos los ordenadores y no al revés.

Adiós, Firefox.

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# | Publicado: 14:20

1 de septiembre de 2017

Arreglando YouTube

Recientemente, Google ha publicado una nueva versión de YouTube. Como es habitual con cada nueva versión de cualquier producto de Google, la actualización no resuelve absolutamente ninguno de los problemas que tenía la versión "vieja" y, por ejemplo, seguimos con un sistema de suscripciones completamente roto que obliga a usar un lector de feeds RSS para poder saber cuándo alguien a quien seguimos publica un nuevo vídeo. A cambio, el nuevo diseño hace uso del nefario Material Design, un espantoso lenguaje de diseño creado por imbéciles que usan monitores de cincuenta y ocho pulgadas en su trabajo y por algún motivo se piensan que todo el mundo tiene videowalls a su disposición para navegar por Internet. Como resultado, lo que antes se veía tal que así...


Ahora se ve así...


Sin ninguna razón en particular, en el mismo espacio en el que antes podíamos ver 20 vídeos, ahora vemos solo 12, un 40% menos, obligándonos a hacer scroll mucho más a menudo, pese a que obligar a hacer scroll sin motivo siempre se había considerado una mala práctica de diseño. Pero bueno, Google puede hacer lo que quiera, que para eso son Google. De un modo similar, no reflejado en la captura de pantalla, las páginas de resultados de búsqueda, las listas de reproducción, etcétera, han sufrido el mismo efecto, y en todas ellas los disparatados márgenes que ocupan media pantalla hacen perder muchísimo valioso espacio que podría ser utilizado mucho mejor.

¿Está todo perdido? Sí. Jamás venceremos a Google y su malsana obsesión con hacer de Internet un sitio más feo e incómodo. Afortunadamente, hay un rápido truco, tal vez desconocido, para mitigar mínimamente los efectos de su estulticia.
Pulsando la tecla Control y girando la rueda del ratón (o pulsando la tecla "-") podemos cambiar el zoom de la página, un ajuste que el navegador aplicará a todas las páginas del dominio. Una vez hayamos fijado el zoom al 90%, volveremos a tener un YouTube que puede ser utilizado en ordenadores con pantallas pequeñas.

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# | Publicado: 10:28

11 de noviembre de 2016

2016

Las cosas siempre pueden ir a peor. Eso es lo jodido, que siempre pueden ir a peor.
La cúpula
Stephen King

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# | Publicado: 10:34

30 de octubre de 2016

The Blues Brothers

- Estamos a casi 200 kilómetros de Chicago, tenemos el depósito lleno, medio paquete de cigarrillos, es de noche y llevamos gafas de sol.
- Tira.


Granujas a todo ritmo (1980)

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# | Publicado: 20:29

It's A Heartache

Me habría gustado que esta entrada hubiese sido la continuación de una que escribí hace hoy un año, en la que a lo largo de más de mil quinientas palabras contaba por qué hablaba tanto de la serie My Little Pony: Friendship is Magic (espoiler: porque me gustaba). Ya no lo podrá ser, primero porque aquella entrada no ya existe, pero también porque me temo que esta entrada es un poco diferente.

A principios de verano escribí una entrada en un momento de sana rabia homicida. Aunque me extendí bastante, básicamente se podía resumir en que me retractaba de todas las veces que había hablado de esta serie, pedía disculpas por haberla recomendado e incluso lamentaba haberlo hecho. Pocos días después borraba aquella entrada y admitía que había sido un error. También decía que, más adelante, intentaría escribir una entrada que dijese lo que quería haber dicho entonces. Creo que hoy es un buen día para eso.

De todos los motivos que se me ocurren para ver una serie, acabar cabreado porque el episodio que acabas de ver es completamente espantoso no es ni de lejos uno de ellos. Acostumbramos a ver series porque nos gustan, y además las series suelen tener el buen gusto de volverse aburridas antes de volverse indignantemente estúpidas. Que una serie cambie su tono por completo convirtiéndose en una patética burla de lo que era en temporadas anteriores es algo poco frecuente, así que los episodios genuinamente insufribles suelen ser meros casos aislados.

Podría contar con los dedos de una mano los episodios de todas las series que he visto alguna vez que han sido lo suficientemente repugnantes como para conseguir cabrearme. O, mejor dicho, hasta este año podía. La sexta temporada, que se ha emitido este año, ha conseguido ampliar esa lista por primera vez desde que empecé a ver la serie. Varias veces. Al principio intenté pasarlo por alto pensando que era uno de esos errores aislados. Pero a medida que el "error" empezó a repetirse, cuando me di cuenta de que acababa cabreado después de ver una serie que había estado elogiando y recomendando, decidí que tenía que retractarme. Ese fue el motivo que me llevó a escribir la entrada de este verano.

Hace pocos días terminaba por fin esta infame temporada, que, pese a lo que escribí en verano, he acabado de ver, más por afán masoquista que por tener un mínimo de esperanza en que mejorase. Mentiría si dijese que todos los episodios han sigo igual de horribles, como también mentiría si dijese que los pocos buenos episodios han bastado para que esta temporada me dejase un buen sabor de boca. El estilo del nuevo equipo de tarados que lleva la serie choca frontalmente con el de temporadas anteriores y, aunque un puñado de episodios hayan conseguido salvarse, el camino que lleva la serie es descorazonador. La serie alegre y amable que conocía está siendo sustituida a marchas forzadas por un engendro desagradable y cruel por el que no siento más que asco. No he cambiado de opinión sobre esta temporada pero, si escribo esta entrada en lugar de republicar lo que escribí en verano, es porque ya no pienso exactamente lo mismo que entonces.


Creo que cuando recomendamos algo no lo hacemos pensando en cómo será en el futuro, sino en cómo ha sido, en lo que ya hemos tenido tiempo de conocer. Al menos así fue cuando recomendé la serie. No la recomendaba pensando en lo que estaba por venir, sino en todos los episodios que ya había visto y me habían gustado, en los personajes a los que había cogido cariño, en las aventuras que estos personajes habían compartido, en el mundo en el que se desarrollaba la acción, hasta en la música. Nada de eso ha cambiado, nadie puede tocar esos episodios que ya se emitieron.

En realidad, por muy desagradable que sea que una serie sea destrozada por unos putos gilipollas, a todos los efectos no es muy diferente a que la serie sea cancelada de repente. En uno de los casos te habría gustado ver más episodios de la serie y en el otro prefieres ignorar la basura que jamás debería haberse emitido, pero al final en ambos casos tienes unos cuantos episodios que te gustan, un infausto punto de inflexión y la triste certeza de que "tu" serie ya no existe y jamás volverá ni tendrá un buen final. Si eso no es motivo para repudiar una serie cancelada, tampoco debería serlo con una serie mutilada por unos incompetentes.


Decía este verano que lamentaba haber recomendado la serie. Hoy creo que es una equivocación pensar algo así. Sí lamento haber visto esta temporada y preferiría no haberlo hecho. Sí es cierto que jamás se la recomendaría a nadie. No puedo negar que sigo pensando que una cancelación hubiese sido algo más digno que esto, ni que ya no tengo la más mínima esperanza ni el menor interés por los episodios que puedan vomitar esta panda de imbéciles en el futuro. Pero no lamento en absoluto haber recomendado la serie que recomendé. Porque, a día de hoy, volvería a recomendar la serie que tanto apreciaba y que todavía aprecio, la serie que empecé a ver hace hoy tres años y la serie que, después de solo cinco temporadas, desapareció sin previo aviso y sin que tuviera ocasión de despedirme de ella.

Despedirnos de algo que queremos siempre da un poco de pena. Las despedidas son tristes. Las despedidas que no nos esperamos y para las que no estamos preparados son mucho más tristes. Pero si me despedí de la también fantástica Gravity Falls, una serie con la que compartí mucho menos tiempo, creo que esta serie merecía, con mucho más motivo, una digna despedida. Una despedida que no fuese la amarga bilis que le escupí injustamente en verano, sino una despedida desde el corazón. O, al menos, lo más parecido a eso que sea capaz de hacer, considerando las circunstancias. Creo que ha llegado el momento de esa despedida.

Adiós, pequeños ponis. Os echaré de menos.

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# | Publicado: 15:22

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