Valadrem

«Parecen fuegos de artificio»

23 de agosto de 2015

¿Qué tienen en común Arthur C. Clarke y la Plaza Mayor de Madrid?

Los satélites, dependiendo de su altura, orbitan a diferentes velocidades. Por ejemplo, la Estación Espacial Internacional, a 400 kilómetros del suelo, da quince vueltas y media a la Tierra cada día, mientras que la Luna, a 384.400 kilómetros, tarda casi cuatro semanas en completar una vuelta. Existe una determinada altura, aproximadamente a 36.000 kilómetros de la superficie, en la que un satélite tarda exactamente un día en dar una vuelta completa a la Tierra, lo que se conoce como órbita geosíncrona. Si un satélite que orbite a esa altura se sitúa en el plano ecuatorial, parecerá no moverse respecto a la superficie de la Tierra, resultando en lo que se conoce como satélite geoestacionario. La órbita en la que se sitúan estos satélites también es conocida como órbita de Clarke o cinturón de Clarke, en honor a Arthur C. Clarke, quien la describió en 1945.


Los satélites geoestacionarios tienen una gran ventaja para las comunicaciones respecto a los satélites de otras órbitas: la estación de tierra puede tener contacto con el satélite en todo momento y hacerlo, además, con una antena fija, algo imposible tanto con la EEI como con la Luna. Por desgracia, incluso a los 300.000 kilómetros por segundo de la velocidad de la luz (las ondas de radio viajan a la velocidad de la luz), 36.000 kilómetros son muchos kilómetros. El tiempo que tarda la señal desde que sale de la Tierra hasta que llega al satélite y vuelve nuevamente a la superficie es de aproximadamente un cuarto de segundo. Como curiosidad, dado que el perímetro de la Tierra es de 40.000 kilómetros, una señal transmitida por cable podría dar más de una vuelta y media a la Tierra en el mismo tiempo.


La enorme latencia de las comunicaciones por satélite hace que la velocidad de la luz parezca muy baja. Resulta, por tanto, interesante compararla con la velocidad del sonido, 340 metros por segundo en el aire. La diferencia entre ambas es tan enorme que en el mismo tiempo que una señal de radio podría recorrer la distancia de ida y vuelta hasta un satélite geoestacionario, un sonido recorrería únicamente unos 85 metros. Que es más o menos la distancia que hay en la Plaza Mayor de Madrid entre la Casa de la Panadería y la Casa de la Carnicería situada justo enfrente.

Dicho de otro modo, dos personas hablando de lado a lado de la Plaza Mayor a voces experimentarían casi exactamente el mismo retraso que si mantuvieran la conversación valiéndose de satélites situados en la órbita de Clarke.


Bueno, eso es lo que se me ha ocurrido. Igual tienen más cosas en común, eso ya no sé.

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# | Publicado: 16:35

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