Valadrem

«Parecen fuegos de artificio»

26 de diciembre de 2025

Por qué no me gusta Zootopia 2

No es ningún secreto que Zootopia (lo siento, me niego a llamarla Zootrópolis) es una de mis películas favoritas. Por desgracia, después de nueve años esperando una continuación, la experiencia con esta segunda parte recién estrenada no ha podido ser más negativa. Pasados los créditos me resultaba difícil no considerar que estaba no solo ante una mala secuela sino directamente ante una de las mayores y más catastróficas decepciones del año.

El mal sabor de boca que me dejó Zootopia 2 acabó llevándome a mantener una larga conversación con otros admiradores de la franquicia que sí habían pasado un buen rato, para intentar entender qué veían en ella. Intercambiar opiniones me hizo considerar la posibilidad de que no estuviese siendo justo y me prometí a mí mismo darle otra vuelta a mi primera impresión.
Tras una reflexión que me he podido permitir por mi amor por la primera película, creo que es de justicia reconocer que esta secuela no es tan terrible como la consideré en un primer momento y, vale, tiene bastantes escenas buenas. Igualmente, puedo entender que para quien supiera ignorar los errores de Zootopia 2, como yo supe ignorar los de la primera parte, puede ser una película entretenida y no quiero negar a nadie su derecho de amar una película en la que puedo ver que el equipo puso una buena dosis de pasión.

Pero, por más que lo he intentado, esta reconciliación no llega a ser completa. Zootopia 2 no me ha gustado y, sinceramente, incluso preferiría no haberla visto. No he podido disfrutar de la película en absoluto porque en esta ocasión sus errores me han resultado imposibles de ignorar. No es esto algo que vaya a cambiar nada, y desde luego no pretendo convencer a nadie que disfrutara de la película de que estaba equivocado, pero creo que necesito desgranar por qué esos errores son, esta vez, tan graves para mí.

Ni que decir tiene, destripo por completo la película, así que, por favor, deja de leer si no la has visto pero todavía quieres verla. Es más, si la has visto y te ha gustado, creo que tampoco deberías leer esto. Bueno, de hecho, creo que esto no debería leerlo nadie, lo he publicado porque necesitaba desahogarme, pero lo más probable es que acabe borrando esta entrada después de todo. En fin.
1. Acabando con el racismo para siempre... por segunda vez
Uno de los motivos por los que considero la primera Zootopia una gran película es porque estaba orgullosa de su mensaje. No era una película que se limitara a soltarnos un rollo, quería mostrarnos que realmente creía en lo que predicaba. Bien es cierto que teníamos que poner algo de nuestra parte, teníamos que pasar por alto que buscar símiles directos entre el mundo real y Zootopia tenía implicaciones desafortunadas, y teníamos que dar por bueno que en una ciudad sumida en el caos el miedo irracional al diferente podía solucionarse en un ratito y ya. Pero creo que valía la pena poner de nuestra parte. Zootopia no venía a pretender que podemos acabar con el racismo en una tarde, solo quería defender que un mundo en el que luchemos por solucionar los problemas que nos separan es un mundo en el que vale la pena vivir.

Zootopia 2 intenta repetir el mensaje de la primera película, pero lo hace rematadamente mal, precisamente porque una de las cosas que habíamos tenido que aceptar era que los ciudadanos de Zootopia ya habían abierto su corazón a luchar contra sus prejuicios. Para poder volver a repetir la misma idea, la película añade reptiles al mundo de Zootopia, un mundo donde hasta ahora solo habíamos visto mamíferos. No creo que los reptiles estén fuera de lugar en este mundo, pero es difícil imaginar un modo peor de introducirlos que soltar que en realidad hay un barrio de reptiles pero todo el mundo pasa de él y de sus habitantes porque todo el mundo odia a las serpientes en particular y a todos los reptiles en general, pero no lo habíamos mencionado hasta ahora porque patata.

Que todos aquellos que aprendieron una lección sobre tolerancia como una semana atrás mantuvieran en su corazón ese odio está tan absolutamente fuera de lugar que devalúa por completo el mensaje de la primera película. Si en la película anterior los mamíferos solo aprendieron a respetarse entre ellos y en ésta solo a respetar a los reptiles, la conclusión obvia es que literalmente jamás hubo un mensaje de respetar a los demás, sino solo de respetar a lo que toque ese día. El mensaje se vuelve no solo desafortunado sino directamente perverso porque los mamíferos y los reptiles podrían tener, qué sé yo, anfibios esclavizados y torturados en sus sótanos y no iría contra lo que han "aprendido" en estas películas hasta que aprendan que eso también está mal.

En todo caso, ni siquiera la propia integración de los reptiles resulta satisfactoria, porque no se llega a mostrar. Cuando en la primera película los ciudadanos lograban superar los prejuicios que Bellwether había exacerbado como parte de su plan, se podía dar por bueno todo porque la ciudad no tenía que sufrir grandes cambios. Aquí no solo tenemos la creación de un nuevo distrito, sino que es de esperar que en un mundo donde, incluso en esta película, "mamífero" se usa como sinónimo de ciudadano, la llegada de ciudadanos que no son ya mamíferos cause profundos cambios sociales. Pero no llegamos a ver las consecuencias reales de nada porque todo queda reducido a un par de escenas en apenas unos escasos segundos al final de la película. Que en lugar de poder ver esa Zootopia mejor simplemente tengamos que aceptar ciegamente que todo está bien reduce el mensaje a un mero salto de fe.

Por si lo anterior no fuera suficiente, la escena tras los créditos nos lanza el cebo de que en la tercera película vamos a tener pájaros. Si repetir el mensaje de la primera película en esta secuela ya acaba siendo un error mayúsculo que hace aguas por todas partes, intentar repetirlo una tercera vez puede ser directamente criminal. Además, pese a lo absurdo del nuevo-viejo odio a los reptiles de esta película, al menos se puede llegar a dar por creíble si somos generosos. Si la tercera película realmente intenta hacernos creer que los mamíferos también odian a los pájaros, a pesar de que todos oímos a Gazelle cantando positivamente sobre ellos en su primera canción, estaríamos ante el más absoluto de los ridículos.

Aún cuando es cierto que este último punto es pura especulación e incluso aunque reconozco que Gary me ha parecido bastante encantador, tanto la increíblemente torpe presentación de los reptiles como el inexistente intento de hacer nada con ellos dejan la desagradable sensación de que ampliar el universo de la película este modo no solo no sirve de nada, sino que incluso lo hace peor. Una conclusión terriblemente incómoda en una película sobre tolerancia, que se vuelve aún más incómoda si con estos fallidos antecedentes lo primero que pensamos sobre añadir aún más especies es que harán este mundo aún peor.
2. Cómo NO hacer un villano
Sin ser una de las villanas más memorables del cine, la historia de Bellwether en la primera película resultaba bastante aceptable. Presentada como la sufrida segundona de un alcalde no demasiado admirable, el giro en el que se descubre su auténtica naturaleza y su plan de medrar en el ayuntamiento para hacerse con el poder de la ciudad funcionaba, Bellwether dejaba de ser una pobre víctima para revelar que todo formaba parte de un plan maquiavélico. Tal vez se le podría dar una vuelta, pero no estaba mal para nuestra historia de detectives, el giro era coherente con lo que habíamos visto y resolvía todos los misterios de la trama, que es de lo que se trataba.

El problema con Zootopia 2 es que todo, literalmente todo lo que funcionaba en Bellwether está completamente ausente en el nuevo villano. Pawbert no es un maestro del crimen, sino que tiene unas motivaciones completamente infantiles. No tiene una sed de poder, simplemente quiere sentirse aceptado por su padre. No odia a los reptiles, su único motivo para perjudicarles es que cree que eso hará feliz a su padre. Es un villano de Hacendado. Pero lo peor viene cuando la película se da cuenta de lo poco que tiene para ofrecernos si quiere hacerle pasar por el malo final, y por intentar crear más tensión acaba hundiéndose en la miseria más absoluta.

A pesar de las previsiblemente horribles consecuencias de su plan, a pesar de engañar miserablemente a aquellos que le consideran un amigo, Pawbert no hace nada completamente imperdonable, o, siendo más precisos, no hace nada en absoluto... hasta que, de la nada, intenta asesinar a Judy inyectándole veneno. Un giro estúpido, indefendible e incluso innecesario para la trama, habida cuenta de que, al contrario que Bellwether, él ni siquiera necesitaba deshacerse de Judy, solo destruir la patente, como la propia película nos recuerda más tarde. Convertirle en un psicópata por sorpresa no le hace mejor villano en modo alguno, solo hace aún más visible lo vacío de la trama y que simplemente estamos ante un intento desesperado y fallido de hacer más interesante la película.

En una franquicia donde los personajes que toman las decisiones equivocadas necesitan tiempo, en ocasiones años como en el caso de Gideon, para enmendar sus errores, resulta completamente fuera de lugar que lo único que aquí se nos ofrece para convencernos de que Pawbert es un caso perdido es que no acepta la mano tendida de Judy para corregir su error inmediatamente. Algo más absurdo si cabe después de que la película se haya molestado en establecer que viene de una familia criminal, solo para después pasarlo completamente por alto y reducir sus motivaciones al ridículo. La película no sabe salir del jardín en el que se ha metido, así que se limita a ignorar todas las reglas de su propio universo.

La parte más triste es que estoy convencido de que, ahora que ya teníamos marcada la casilla de Bellwether como villana incorregible y orgullosa de su maldad, Pawbert habría funcionado muy bien como villano que acaba recapacitando. Incluso manteniendo el giro de su traición, incluso con Pawbert intentando completar su plan hasta el final, darle la opción de lamentar sus malas decisiones, reconciliarse con Gary y acabar enfrentándose a su familia ayudando a los reptiles a los que iba a perjudicar podría haber sido un final satisfactorio para su personaje, muy en línea con el mensaje de la primera película sobre aprender de nuestros errores. Una puerta que, en un giro incomprensible, queda completamente cerrada tras un intento múltiple de asesinato sin el más mínimo sentido. Una pena.
2.b. La sonrisa de Hans
Puede que lo que más me moleste de que Pawbert sea no solo un villano sino específicamente un villano que jamás tendrá ocasión de redimirse es que esto hace que Zootopia 2 repita el peor y más repugnante truco de la infame Frozen. La sonrisa de Hans. Cuando el príncipe Hans hace acto de presencia en Frozen, todos damos por descontado que seguramente va a ser malo, como efectivamente acaba siendo. Sorpresa. Pero para que podamos picar, la película intenta entonces convencernos de que no, qué va, en realidad es un tío majísimo. No lo hace mediante las escenas con Anna, sino en una escena destinada exclusivamente al público, una sonrisa amable que Anna ni siquiera puede ver y es un descarado mensaje directo a los espectadores donde los directores nos dicen, no preocuparse, que es bueno. No nos miente Hans, nos miente la película.

Zootopia 2 repite este truco y además lo hace de un modo más rastrero si cabe. Cuando la cabaña donde Nick y Judy buscan pistas se empieza a derrumbar, uno de los policías que les persiguen dispara un dardo con tranquilizante a Judy, lo que hace que esté a punto de caer al vacío. Pawbert, que no tendría por qué estar allí, le salva la vida. No es solo que Pawbert no necesite a Judy para cumplir su plan, es que si piensa deshacerse de ella no hay motivo alguno para que quiera salvarla primero. No tiene el menor sentido. La trama podría haber avanzado exactamente igual y llegado al mismo punto si al menos hubiera sido Gary quien la salvara. La única explicación posible para este rescate es que nos encontramos ante una sonrisa de Hans, Pawbert salva a Judy solo para que nosotros podamos pensar que es buena gente aun cuando podíamos haber visto venir su traición desde años luz de distancia.

Incluso aunque la película hubiese acabado igual y nunca hubiéramos vuelto a ver a Pawbert, esta escena por si sola no sería especialmente sangrante. Simplemente aceptaríamos que en el fondo había algo de bondad en Pawbert, y supondríamos que que eso le haga cambiar o no solo depende de él. Es la combinación de esta escena junto con la innecesaria confirmación de que Pawbert es un psicópata lo que me molesta especialmente. Nuevamente, no es Pawbert quien nos engaña, sino la película, que intenta hacernos creer que hay algo bueno en él... solo para inmediatamente después decirnos que es un monstruo al que no se puede salvar. Literalmente, ¿por qué? ¿Para qué? ¿Qué clase de giro es ése?
3. Está en su ADN
Uno de los mejores y más cruciales momentos de la primera película es cuando Bellwether convence a Judy de que dé una rueda de prensa para hablar de su recién resuelto caso. Intentando buscar una explicación a lo que ha pasado, Judy se atreve a sugerir que los depredadores se han vuelto violentos... porque está en su ADN. Una frase que resume todos los prejuicios que Judy ha ido absorbiendo y rompe el corazón de Nick cuando éste se da cuenta de que, a pesar de demostrar a su compañera que lo que había oído sobre los zorros era mentira, en el fondo ella sigue sin confiar en él.

No es hasta después de dejar la policía y volver a su pueblo cuando Judy al fin se da cuenta de que se había dejado llevar por sus prejuicios y de que estos no están basados en la realidad, sino que alguien los está explotando para esparcir el odio en la ciudad. Que Judy se dé cuenta de su error y decida hacer todo lo posible por enmendarlo es, en último extremo, lo que nos lleva a un emotivo final en el que el principal mensaje no es que no debemos cometer errores, sino aprender a corregirlos.

Al principio de Zootopia 2, Mr. Big avisa a Judy y Nick de que los linces son unos asesinos. Ni siquiera los Lynxley, sino los linces. Una advertencia irónica viniendo de un jefe mafioso que también intentó asesinar a Judy y Nick, algo que la película prefiere olvidar por completo. Una advertencia que recuerda muy desagradablemente a la fallida rueda de prensa de Judy cuando decía que la violencia de los depredadores estaba en su ADN. Una advertencia que termina siendo verdad cuando la película revela, sucesivamente, que los Lynxley descienden de un asesino, que el padre de Pawbert es también un asesino al que no le importa acabar con la vida de su propio hijo cuando cree que éste le va a traicionar, y que el propio Pawbert también es un asesino porque para qué quedarse cortos.

Toda vez que en la película no hay más linces aparte de los Lynxley, que resultan ser una larga estirpe de asesinos, la frase de Mr. Big resulta ser cierta. Las generalizaciones hirientes de las que Bellwether se aprovechaba para controlar la ciudad ya no son horribles, ahora son advertencias válidas, y Zootopia es un mundo donde cualquiera puede ser lo que quiera, menos los linces, que son asesinos. Vivan los prejuicios, muerte a los linces.
En conclusión
A pesar del infinito cariño que tengo por la película original, no puedo considerar, en absoluto, que Zootopia 2 sea una buena segunda parte. Más bien al contrario, una película que repite y hace aún peores los errores de la primera parte, a la vez que dinamita de un modo tan cruel sus mayores aciertos, es una película que me hace sentir una tristeza difícil de describir. Una desazón mayor y más dolorosa si cabe al llevar casi una década esperando una nueva película en este universo, y haber estado prácticamente incluso contando los días hasta poder verla una vez que por fin se anunció oficialmente, solo para acabar teniendo esto.

Sin embargo, tengo que reconocer algo. Creo que ninguno de estos errores es completamente imborrable. Zootopia 2 es una segunda parte y, como tal, no puede juzgarse por sí sola, sino como parte de una historia más amplia. Hace unos meses me deshacía en elogios a Gundam Build Divers Re:Rise, una secuela, por conseguir corregir los errores de su mediocre primera parte, convirtiendo una serie insustancial en parte de un todo que merece ser visto. Es un caso tan extraordinario que me cuesta recordar otra secuela que haya conseguido algo parecido, pero al menos puede pasar.

Si Zootopia 3 se atreve a volver atrás y corregir los errores de Zootopia 2, esta segunda parte no se convertirá mágicamente en santo de mi devoción, pero puede que el conjunto vuelva a ser para mí algo tan digno de admiración como lo era antes. Mis esperanzas están bajo mínimos, por no decir que son nulas. Si una película que tardó nueve años en hacerse cometió estos errores, es ingenuo esperar que una secuela que probablemente se hará a toda prisa pueda permitirse reflexionar lo más mínimo. Pero, en cierto modo, confiar en que la gente pueda corregir sus errores es el espíritu de Zootopia. Así que, Jared, Byron, demostrad que es ése un mensaje que vale la pena escuchar. Por favor, intentadlo.

Como decía alguien en una de mis películas favoritas, no os rindáis, no cedáis. Intentadlo, aunque podáis fallar. Intentadlo todo.
Y esta fase del duelo, niños, se llama negociación.

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🔗 | Publicado: 16:24

10 de diciembre de 2025

16 de mayo de 2023

The Great Wolf Pack (2022)

Decían Calvin y Hobbes que en todas partes hay tesoros. Vale, puede que tanto como tesoros sea un pelín exagerado, pero si algo nos recuerda la película que hoy nos ocupa es que podemos encontrarnos sorpresas muy agradables en los sitios en los que menos cabría esperar.
The Great Wolf Pack: A Call to Adventure es una película de animación de 2022. Muy corta, de poco más de 40 minutos y por tanto apenas un mediometraje, nace nada menos que como material promocional para un resort de Estados Unidos, con las propias mascotas de la marca como protagonistas. Estrenada principalmente como atracción del parque, aunque también disponible en YouTube y Kidoodle, únicamente en inglés en cualquier caso, su distribución está en resumen bastante alejada del circuito habitual. Una película tan poco "película" que FilmAffinity ni siquiera se ha molestado en añadirla a su catálogo.

Con esos antecedentes la cosa parecía no pintar demasiado bien, a lo que se suma que si nos decidimos a darle una oportunidad, justo al principio de la película ya nos encontraremos con algunos problemas. En su primera línea de diálogo, en lo que puede ser uno de los más descarados abusos de un cliché que nos podamos encontrar, el lobo protagonista se refiere a sí mismo como un lobo solitario para sentar las bases de algo que no ya solo el tráiler, sino también el propio título de la película se encargan de destripar. Por si esto no fuera suficiente para hacer saltar las alarmas, también en los primeros minutos dedican unos segundos a colarnos lo genial que es el sitio en el que están, codazo, codazo, guiño, guiño.
Llegados a este punto, podría parecer que estamos simplemente ante un mero anuncio de casi un hora sin el menor interés. Sin embargo, y por muy sorprendente que resulte, no es así. Acabadas las presentaciones, la variopinta pandilla protagonista, guiada por el reticente lobo solitario, empezará su búsqueda de un mitológico y mágico rincón perdido del bosque y juntos se verán arrastrados a una aventura en la que deberán ayudar a alguien a quien han oído pedir auxilio dentro de una misteriosa cueva.

Una vez la película se mete en harina y empieza la aventura, el ritmo resulta inesperadamente acertado y todo fluye bastante bien. También los personajes se dejan querer mucho más de lo que podría parecer en un principio, desde el lobo que iba de sobradillo hasta el mapache empollón y la ardilla hiperactiva que amagaban con resultar insufribles pero acaban resultando bastante encantadores. Sí es verdad que la historia puede ser más infantil de lo que podemos encontrarnos en otras películas de animación reciente, pero lejos de hacerse pesada, se puede disfrutar de ella sin ningún problema. Y, aunque puede verse lo limitado del presupuesto de la animación en algunos puntos, aun así cumple de sobra y hace justicia al cuidado diseño de los personajes.
Hay algo tramposo en alabar una película no por su méritos propios sino por superar unas expectativas que no podían ser más bajas, pero creo que en este caso los elogios son más que justificados. Incluso con su peculiar origen y su accidentado inicio, The Great Wolf Pack acaba siendo una película sorprendentemente digna gracias a su sentido de la aventura, sus simpáticos personajes y su adorable estilo. Curiosamente, otros elementos de la película también acaban teniendo un peso insospechado: el tono ingenuo e inocente, el uso de animación 2d y la omisión de móviles y otros elementos que pudieran situar la película en un momento concreto hacen que la película adquiera un leve pero evocador aire nostálgico, y hay pocos modos mejores de disfrutar una película de dibujos animados que sentir que nos devuelve a una de aquellas tardes de hace décadas viendo nuestras machacadas cintas de vídeo.

Termino comentando que la película sirve de piloto para una serie de duración indeterminada de la que solo se conocen cuatro episodios, también disponibles en Kidoodle, que resultarán una buena continuación para quien se quedara con ganas de más. Y como material adicional existen, además, cinco cortos, uno para cada uno de los protagonistas, que en el momento de escribir esto solo se pueden ver en Internet gracias a que alguien se molestó en grabarlos con una cámara de una de las pantallas del parque.



Creo que The Great Wolf Pack es una experiencia lo suficientemente agradable como para que bien merezca un poco de cariño. Sirvan estas líneas para dedicarle un sentido high paw.

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🔗 | Publicado: 20:07

11 de enero de 2015

Famosos

No es un tema nuevo, pero creo que a estas alturas todavía no lo tenemos bien resuelto. La idea es sencilla, aquí vemos todas las películas y las series y esas cosas dobladas. No tengo nada que objetar, normalmente me gusta el doblaje, pero a veces la cosa no va del todo bien. Cuando lo que llega es una película normal, con sus personicas, aquí les dobla gente que no conocemos nadie, todo correcto... pero cuando lo que llega es una película de dibujos cuyo principal reclamo es que en la versión original las voces las ponen famosos, ¿qué?

No es fácil vender una película porque participa un actor conocido cuando quien va a ver la película no va a ver ni a oír a ese actor. Uno puede intentarlo, como hace unos años cuando se anunciaba por televisión "¡Johnny Depp es Rango!", o cuando Jack Black vino a España a promocionar Kung Fu Panda. Pero, seamos sinceros, este tipo de cosas son completamente ridículas cuando te diriges a un público que va a ver la película doblada por gente diferente. Así que queda el plan B. Usar a famosos para doblar la película. Y aquí es donde la cosa se pone complicada.


En realidad usar famosos no es algo necesariamente malo. No solo porque hay famosos que en realidad acaban haciendo un trabajo más que aceptable, sino porque a veces incluso "nuestros" famosos son más conocidos (aquí) que los famosos de fábrica, por ejemplo creo que hay muchos más españoles que conocen a Arturo Valls de los que recuerdan a Jerry Seinfeld, voz original de su personaje en Bee Movie. El problema empieza cuando por querer usar famosos a toda costa la cosa sale regulera o directamente acabas cometiendo auténticas horrorosidades imperdonables.

Sea como sea el resultado, usar famosos tiene algunos problemillas añadidos. Usar a alguien que sea famoso hoy no garantiza que siga siéndolo pasados unos años (un Sugus a quien me pueda decir quién doblaba aquí al mapache de Vecinos invasores). Y, además, los famosos hacen cosas. Si los famosos originales están ocupados el estudio lo resolverá, pero si son los famosos de aquí los que no pueden encargarse del doblaje, se acaba con atrocidades de continuidad como ésta (en verde famosos, en rojo actores de doblaje normales).


En resumen, ¿famosos sí o famosos no? Pues mira, chato, no sé. Pero el dibujico me ha quedao bien y quería sacarlo.

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🔗 | Publicado: 13:08

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