Valadrem

«Parecen fuegos de artificio»

26 de octubre de 2025

Gundam Build Divers Re:RISE (2019)

Cuando hace año y pico completé mi repaso de series de anime con animales, me dejé una en el tintero. Bueno, en realidad obviamente me dejé muchas, pero hubo una omisión completamente intencionada, una serie de la que pasé de largo no solo sabiendo que existía sino a pesar de que me habían hablado bien de ella: Gundam Build Divers Re:RISE.
Tenía motivos para ignorar esta serie. Para empezar, Gundam es una franquicia de finales de los años 70 sobre peleas con robots gigantes o mechas. Propiedad de Bandai, la venta de gunplas, o gundams de plástico, es el eje principal de la marca. Vamos, que resultaba más que evidente que es ante todo una serie para anunciar juguetes. A esto se le suma que, si no estoy equivocado, no sería hasta varias décadas después de su creación, en Gundam Build Divers, serie inmediatamente anterior a la que nos ocupa, cuando Gundam contó con animales antropomórficos entre sus personajes por primera vez. La cosa pintaba a excusa barata para llamar la atención de gente que de otro modo no tendría el menor interés por Gundam, así que decidí no picar.

Después de pasar de Re:RISE durante varios años dando por sentado que no me estaba perdiendo nada, recientemente volví a encontrarme con algunos comentarios sobre la serie... y esta vez la curiosidad pudo más. La cosa seguía sin ser fácil, en más de cuatro décadas de la marca el número de series, especiales y películas del universo Gundam se cuentan por docenas, en ningún caso era plan de ponerse a ver todo. Por suerte, un hilo de Reddit de gente que ya tuvo la misma duda en su momento indicaba que la serie se podía ver perfectamente por sí sola, únicamente con la sugerencia de ver primero la ya mencionada Build Divers, aunque sin que esto fuera imprescindible, así que me decidí por esto último, por si acaso.
Lanzada en 2018, Gundam Build Divers es la tercera entrega del universo Build de Gundam, tras Gundam Build Fighters en 2013 y Gundam Build Fighters Try en 2014. En este universo, que lleva al extremo el descaro de ser un anuncio de juguetes, ya no se trata de ver auténticas peleas con robots gigantes: los propios gunplas son enormemente populares y se organizan torneos para hacer batallas con ellos. En las entregas anteriores, que no hace falta conocer para ver ésta, estos torneos se hacían usando una mesa holográfica que aquí veremos de pasada, pero la novedad de Build Divers es que los avances de la tecnología han permitido desarrollar un mundo de realidad virtual inmersiva donde los jugadores pueden escanear sus muñequitos de plástico y jugar junto a ellos como si fueran auténticos robots gigantescos, lo que en principio permite dar algo más de interés a las batallas que se muestran.
En esta entrega seguiremos a Riku, un aficionado a los gunplas que decide apuntarse a Gunpla Battle Nexus Online, GBN, el nuevo mundo de realidad virtual de la serie, con el objetivo de llegar a ser tan buen jugador como su héroe, Kyoya, el actual campeón. A partir de aquí, la serie es básicamente lo que se espera de ella, un anuncio muy largo. Sí puedo decir que las batallas están bastante curradas, pero siendo que es algo que no llamaba mucho, la mayor parte de la serie no me ha interesado demasiado.
Como comentaba antes, es en esta serie donde conocemos a los primeros furros de Gundam: el armiño Rommel y Tigerwolf, un lobo to mazao. Personajes secundarios pero bastante carismáticos y que acaban teniendo roles bastante importantes, pero que aun así no justificarían por sí solos ver la serie, toda vez que ni siquiera podemos olvidar que los jugadores de GBN son todos humanos que simplemente pueden personalizar su apariencia en el juego.
De todos modos, tengo que decir que al llegar a los últimos episodios, la serie por fin coge ritmo y plantea una historia más interesante que lo que sea que habíamos estado viendo en los primeros 20 episodios, así que a pesar de un comienzo bastante insustancial y anodino creo que haber elegido ver esta serie para empezar no ha sido una pérdida de tiempo después de todo. Decisión en la que me reafirmo al pasar a lo que considero el plato principal, haciendo mía la recomendación de ver Build Divers antes que su secuela ya que este prólogo hace a la segunda aún mejor.
Un año después del final de Build Divers veía la luz su secuela Gundam Build Divers Re:RISE, una entrega que, al contrario que la serie de televisión anterior, era lanzada directamente en el canal oficial de YouTube de Gundam. Situada en el mismo universo que Build Divers pero dos años después de los eventos con los que acababa su predecesora, Re:RISE comienza con el anuncio de una nueva versión de GBN, mucho más realista y con infinitas misiones para que los divers puedan poner a prueba sus gunplas.
En el primer episodio conoceremos a Hiroto, un jugador que tuvo una experiencia bastante negativa en GBN relacionada con lo visto en la serie anterior. A pesar de su desencanto, la actualización de GBN le sirve de excusa para volver a visitar un mundo virtual que le resulta muy doloroso. En pleno lamento de prota atormentado, un cantamañanas con ganas de ser el primero en encontrar una de las nuevas misiones secretas se le acopla. Seguidos de cerca por un jugador novato en busca de un equipo con el que jugar, todos oyen unos gritos desesperados. Al buscar su origen, que encuentran junto con otra jugadora que pasaba por allí, descubren una ventana del juego donde conocen a Freddie, un personaje con forma de perrete que les cuenta que necesita su ayuda.
Ante la perspectiva de ser los primeros jugadores de GBN que superan una de las nuevas misiones secretas de la actualización, el improbable grupo de cuatro jugadores bastante desiguales que se acaban de conocer se apunta y sus avatares son transportados a una nueva arena. Tras derrotar a los enemigos y constituirse oficialmente en un nuevo equipo vuelven al mundo central del juego, pero quedan decepcionados al ver que no han recibido ninguna recompensa por su partida. Descartando pues que la misión que han aceptado fuera un evento único, solo les queda suponer que se trata de una misión de historia que necesitará de varias batallas antes de llegar a un final. Tras muchas dudas deciden continuar, esperando que la recompensa para una misión de ese tipo valga la pena.
Irónicamente, las monumentales batallas que podíamos ver continuamente en la entrega anterior y que eran prácticamente su único punto fuerte resultan aquí algo más comedidas y menos espectaculares, al menos en la primera parte de la serie, así que quien estuviese buscando más de lo mismo tal vez quedara un poco decepcionado con el inicio de esta secuela. No era mi caso, así que yo me he centrado sobre todo en otros aspectos y, ahora sí, tengo que decir que he quedado absolutamente impresionado.

Con un ritmo y una acción impecables, un desarrollo de personajes que, vale, rechina y mucho al principio pero coge fuerza enseguida pero, especialmente, una historia que me ha enganchado desde el primer episodio, Re:RISE ha sido, de lejos, una de las sorpresas más agradables que recuerdo en mucho tiempo. Una serie vista con muchas dudas de la que no esperaba absolutamente nada pero que me ha acabado enamorando, una de las mejores secuelas que he visto jamás que abraza y consigue corregir magistralmente los muchos errores de su primera parte, e incluso una insospechada aunque no demasiado disimulada revisión de algún clásico del género al que, contra todo pronóstico, llega a superar con creces.
Lo gracioso es que no puedo negar que tuviera algo de razón al principio. La serie no intenta esconder en ningún momento que es, literalmente, un anuncio de muñecos de plástico, y también queda bastante claro que el único motivo por el que el reparto incluye kemonos es para llamar la atención de la gente como yo. Pero, por increíble que parezca, funciona.

No es un anuncio al que solo le añadieran perretes-persona para despistar, realmente es una auténtica serie sobre perretes-persona, hecha con todo el cariño que se podía, mezclada con un anuncio. Y sí, es raro de narices. Y sí, qué duda cabe de que sería incluso mejor si no fuera un anuncio. La verdad, ni siquiera estoy seguro de que tenga sentido como anuncio, porque después de todo sigo sin tener ningún interés en ponerme a armar gunplas. Pero al menos sí puedo decir que es un pedazo de serie que queda muy, muy arriba entre mis favoritas y que merece un destacadísimo puesto de honor en aquella lista en la que me resistí a incluirla.
Decir que la recomiendo sería quedarme corto y me alegro mucho de haberle dado una oportunidad. Sencillamente, fantástica.

Actualizado: Se me olvidaba comentar que Re:RISE tuvo un pequeño epílogo, Gundam Build Divers Battlogue, un anuncio corto de 10 minutos mostrando a los protagonistas jugando una última batalla de gunplas. A pesar de no aportar nada a la historia ni tener la menor relevancia, al menos es una buena excusa para poder disfrutar del bueno de Freddie un ratito más, así que se deja ver.
El universo Build tendría continuación (y probablemente cierre) en 2023 con Gundam Build Metaverse, una olvidable miniserie de tres episodios anuncios sin pies ni cabeza y con una animación bastante inferior a la de las series precedentes. Lanzada como conmemoración del décimo aniversario de Build Fighters, su único interés es volver a ver a algunos personajes de las cuatro series anteriores, que entran y salen a lo loco y sin siquiera respetar sus respectivas continuidades. Aunque Freddie también tiene un (minúsculo) cameo aquí, no hago extensiva mi recomendación anterior y creo que Battlogue es el mejor punto para dejarlo.

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🔗 | Publicado: 22:04

17 de agosto de 2022

Pony Life (2020)

Y ya que he hablado de una serie de 2020, puede que haya llegado el momento de hablar de otra serie de aquel año. La errática, caótica e injustamente minusvalorada Pony Life.

Cuando Friendship is Magic acabó en otoño de 2019, su agónico final fue más que un mero final de temporada más. El cierre a la serie no solo pretendía ser irreversible, sino que a él se añadió un epílogo situado muchos años en el futuro para corroborar que no se iba a cambiar una coma del destino de aquellos personajes.

Lo definitivo de ese final quedaba patente por un cambio nada menor, Rainbow Roadtrip, un encantador especial de una hora que originalmente debía haber servido de despedida para los personajes, acabó enterrado en medio de la temporada: el modo en que se había escrito el final de la serie no solo hacía imposible que ese especial en concreto transcurriera en cualquier posible futuro, sino que a la postre hacía virtualmente imposible cualquier otro especial o historia con las mismas seis ponis como protagonistas.
Se cerraba así por completo y para siempre un capítulo en la historia de My Little Pony. Por eso resultó completamente incomprensible un vídeo publicado apenas unas semanas después y casi sin previo aviso, en el que versiones chibi de aquellas mismas seis ponis cantaban y bailaban espásticamente el Good as Hell de Lizzo.

No hacía ni medio año que el atropello a Rainbow Roadtrip había dejado más que claro que pasar por encima del final de la serie no era una opción, así que eso no podía ser una mera continuación. Esto, unido a otros escalofriantes experimentos recientes como ThunderCats Roar, llevaba a pensar que la única explicación a ese anuncio es que nos encontrábamos ante la nueva generación de MLP y aquellas versiones caricaturizadas de las antiguas protagonistas venían a ser sencillamente la nueva cara de la franquicia.



El rechazo a este vídeo fue mayúsculo y la idea de que aquello fuese el preludio de un reboot consiguió disgustar por igual tanto a los que elogiaban el infame final de FiM como a los que esperaban una nueva generación para pasar página de aquel horror. Lo infausto del anuncio llegó a tal extremo que ni la canción se salvó, la blasfemia de que dibujos animados para críos pequeños osaran cantar la palabra hell causó tal indignación entre asociaciones de ofendidos americanos que en Hasbro se verían obligados a acabar retirando el vídeo de su canal de YouTube.

La historia no acababa ahí. Apenas empezado 2020, Hasbro lanzaba en su canal de YouTube una serie de cortos muy cortos en stop motion claramente basados en el nuevo estilo de los ponis. Cortos hechos en España, por cierto. Aunque aquellos cortos no solo eran completamente inofensivos sino incluso bastante adorables, su existencia solo consiguió aumentar los recelos. Aquello no podía ser la nueva serie, pero el mero hecho de que esa nueva serie tuviese material adicional no hacía sino confirmar los temores de que lo que venía era una serie mayor y no mero relleno. La aterradora teoría del reboot cobraba aún más fuerza.



La cosa no pintaba nada bien y los sucesivos retrasos de Pony Life tampoco hacían augurar nada bueno. Cuando la serie finalmente acabó llegando ya bien entrado 2020, lo hizo cargada de problemas. Todo parecía indicar que los episodios habían sido escritos con una duración diferente en mente y el ritmo de los episodios tras haber sido editados y comprimidos resultaba confuso. El sonido tampoco acompañaba, tal vez como consecuencia de las dificultades de grabar la serie en pleno confinamiento. Y, por si fuera poco, los personajes habían sufrido algunos cambios que resultaban bastante incomprensibles, probablemente porque los sucesivos cambios en el desarrollo de la serie acabaron dejando fuera por error los episodios que deberían haber servido de puente entre FiM y Pony Life.

En circunstancias más favorables, muchos de estos problemas podrían haberse pasado por alto. Pero las circunstancias, lejos de favorables, no podían ser más aciagas. Después de lo desafortunado de su promoción, Pony Life ya se situaba como la serie que literalmente todo el mundo esperaba odiar. Su accidentado estreno acabó sellando su destino, convirtiéndola en una auténtica apestada.



Es cierto que, si Pony Life hubiese sido la serie que abanderara una nueva generación, habría sido un absoluto desastre. Pero no lo era. La nueva generación ya estaba muy avanzada para entonces y acabaría llegando a Netflix apenas un año después. Pony Life no venía a reemplazar nada, de hecho la propia serie se encargaba de dejar claro una y otra vez que se limitaba a intentar ser material adicional a la serie original. Como aquel maltratado Rainbow Roadtrip, no era más que una oportunidad de darle algo de cariño a quienes se suponían las protagonistas de la serie. Y aunque los a menudo incomprensibles cambios respecto a la serie original pudieran desviar demasiado la atención, su existencia no era más que un extraño modo de saltar a una continuidad paralela para burlar aquella regla que había llevado a Rainbow Roadtrip a un injusto exilio. Por debajo de esos cambios, la cuarta generación de MLP volvía a brillar con todo su esplendor.

Decía en 2019 que ni una sola cosa que hubiese dicho de las primeras temporadas de Friendship is Magic sería cierta para sus últimas temporadas. FiM sufrió innumerables cambios, algunos de ellos por el continuo trasiego de guionistas entrando y saliendo, otros, tal vez incluso más trágicos, por el interés en explotar todo lo posible aquella gallina de los huevos de oro sin tener la menor idea de qué hacía especial a la gallina. Friendship is Magic nacía como una serie optimista y amable. A medida que la serie avanzó, los intentos por atraer a aquellos que la veían como una serie demasiado edulcorada fueron poco a poco destruyendo su espíritu original y reemplazándolo por algo completamente diferente.
Ya no había episodios con fiestas de pijamas, era el turno de peleas con rayos láser. Ya no había Twilight escribiendo a su maestra todo lo que había aprendido sobre la Amistad, había escenas rompiendo la cuarta pared para meter cínicas reflexiones sobre lo estúpido de la trama. Ya no había escenas con Pinkie Pie derrotando a unos monstruos con una canción tonta, había escenas con personajes nuevos riéndose de lo patéticas que son las canciones tontas. No había sitio para corazoncitos y mariconadas si se pretendía hacer de FiM el nuevo Breaking Bad.

Pony Life, que intencionadamente quería dejar claro que no era una serie que pretendiera jugar en la misma liga, ni mucho menos venía a reemplazar a FiM, abandonó muchísimos de aquellos cambios. No hay monumentales escenas plagiando a los Vengadores sin ningún puto sentido. No hay sofisticados momentos de pretendidamente profundo cinismo autodespreciativo. La serie no es más que un simple pasatiempo para poder ver a nuestras queridas protagonistas juntas un poco más. Lo maravilloso es que, tras quitar aquella paja que durante años había ido envenenando Friendship is Magic, lo que quedó fue, precisamente, las raíces de la serie original.
Algo tan simple como los abrazos de las protagonistas, algo que prácticamente había sido una de las señas de identidad de las primeras temporadas y se había diluido hasta casi desaparecer, hacía una sorprendente reaparición: hay muchos, muchos, muchos más abrazos en cualquiera de las dos únicas temporadas de Pony Life que en todos los episodios de las dos últimas temporadas de FiM juntos. O, por ejemplo, el final de la primera temporada de Pony Life es infinitamente más parecido al fantástico final de la primera temporada de FiM de lo que lo fue cualquiera de los siguientes finales de la serie original. La magia de Pony Life llega hasta su mismo final, un rotundamente fantástico broche que, por el mero hecho de no intentar repetir lo épico del que fuera el peor final posible para la serie original, acaba por dar a las pequeñas ponis la digna despedida que merecían. Un final que, por desgracia, como el resto de la serie acabará en el olvido.

Pony Life es una serie atrozmente desafortunada. Como es lógico, al ser un mero acompañamiento para otra serie, resultará irrelevante para quien no fuera familiar con aquella serie. Pero, incluso como acompañamiento, resultó un rotundo fracaso. La misma serie habría sido recibida con los brazos abiertos en 2014, puede que hasta en 2016, pero para cuando vio la luz casi cualquiera que hubiera podido estar interesado había pasado página hacía mucho y los que para entonces se deleitaban con rayos láser y entendían que el único modo de disfrutar MLP era con chistes irónicos no tenían el menor interés en lo que Pony Life tenía que ofrecer. Poco más de un año después de su final nadie recuerda Pony Life y dudo mucho que eso vaya a cambiar en el futuro.
Por lo que a mi respecta, sin embargo, Pony Life siempre tendrá un hueco en mi corazón. Sin pretenderlo, Pony Life acabaría siendo la continuación más adecuada y el cierre perfecto para la malograda Friendship is Magic y, si algún día revisito la serie original, tengo muy claro el punto cerca de la mitad donde dejaré la serie original y pasaré a esa serie secundaria digna de todo mi respeto. No pasa todos los días que una serie que acaba absolutamente destrozada e irreconocible tenga, por mera chiripa, una segunda oportunidad y pueda contar con el final que siempre mereció.

Quiso la casualidad que en la entrada en la que me despaché contra las últimas temporadas de Friendship is Magic lo hiciera de rebote alabando la inolvidable Friends. Entre las docenas o cientos de referencias a otras series y películas que hubo en FiM, jamás hubo una a Friends. Pony Life, una serie muchísimo más corta, tuvo la suya propia unos meses después de mi entrada. Una referencia que, lejos de una mero guiño menor como tantos otros en la serie, era una auténtica declaración de intenciones que se extendía a lo largo de un episodio completo y subrayaba en amarillo fosforito la amistad de las protagonistas. Una referencia que habría sido absolutamente impensable en las últimas temporadas de FiM. Una referencia que, por sí misma, es el perfecto resumen de lo grandísima que fue esta pequeña e infortunada serie.
Puede que no tenga sentido recomendar Pony Life. Es igual. Me basta con reconocer el infinito amor que siento por este inesperado pequeño tesoro que consiguió lo imposible y salvó lo insalvable.

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🔗 | Publicado: 17:22

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