Valadrem

«Parecen fuegos de artificio»

29 de octubre de 2023

Matthew Perry

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🔗 | Publicado: 09:47

3 de septiembre de 2023

3 de septiembre

El 3 de septiembre de 1973, a las 18 horas, 20 minutos y 32 segundos, un moscón de la familia de las Calliphoridae capaz de batir las alas 14.000 veces por minuto se posaba en la calle Saint-Vincent de Montmartre.

En el mismo instante, en un restaurante cerca del Moulin de la Galette, el viento se colaba como por arte de magia bajo un mantel haciendo bailar unas copas sin que nadie lo viera.

Al mismo tiempo, en la avenida Trudaine 28, quinto piso, del distrito número 9 de París, Eugène Koler, al regreso del entierro de su mejor amigo Emile Maginot, borraba su nombre de la agenda.

Siempre en ese mismo instante, un espermatozoide provisto de un cromosoma X perteneciente a Raphaël Poulain se separaba del pelotón para alcanzar a un óvulo perteneciente a la señora Poulain, de soltera Amandine Fouet. Nueve meses después nacía Amélie Poulain.


Amelie (2001)

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🔗 | Publicado: 18:20

15 de agosto de 2023

The Present is Dark

15 de agosto de 2023, 02:30 horas en Chicago. Según unas líneas de texto que en realidad no llegaron a aparecer en el videojuego final, justo ahora es el momento exacto en el que comienza la acción del juego Perfect Dark del año 2000, uno de los juegos a los que más horas dediqué en mi Nintendo 64, hace ya más de dos décadas. Así que, mientras la agente Dark se infiltra en el edificio Lucerne para salvar al mundo de los retorcidos planes de dataDyne solo nos queda desearle good luck, Perfect Dark.

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🔗 | Publicado: 09:30

11 de agosto de 2023

Campamento mágico (2018)

Hace unas horas acababa oficialmente Campamento mágico (en inglés, Summer Camp Island), una de las muchas series que Warner eliminó sin piedad el verano pasado y, si no me equivoco mucho, la única que ha tenido la suerte de volver de entre los muertos para el estreno de una última temporada que ya estaba terminada pero muchos daban por perdida.
Campamento mágico sigue las aventuras de Óscar y Erizo, un elefante y una eriza que van de vacaciones a un campamento de verano en una curiosa isla. Tan pronto como los padres dejan a los campistas solos en la isla, estos descubrirán que las monitoras son brujas, algunos objetos inanimados como el pijama de Óscar o la propia luna han cobrado vida y la isla está llena de toda clase de criaturas mágicas, desde unicornios hasta monstruos y fantasmas.

Con un espíritu similar al de aquellas geniales primeras temporadas de Hora de aventuras, aunque en este caso con un tono mucho más calmado, Campamento mágico es capaz de despertar ese sentimiento de fascinación por lo mágico que a veces nos regala la fantasía. Un sentimiento que se mantiene fuertemente a lo largo de la serie, tanto en esta desenfadada primera parte como más adelante cuando la serie empieza a expandir su universo más allá de la sencilla premisa de isla mágica donde pasan cosas mágicas.
Aunque hace unos meses criticaba las series de dibujos que abusaban de lo que se ha dado en llamar lore, limitándose a utilizar algún tipo de misterio genérico como mero relleno más que para contar una historia, aquí la sensación es justo la contraria. El modo en que se abordan los misterios que rodean la isla no surge como un intento forzado por hacer que la serie parezca más profunda, sino como algo verdaderamente orgánico fruto de un interés real. A fin de cuentas, si en un mundo en el que la magia no existe hay una isla donde la magia es real, cabe preguntarse por qué.

Debo decir que, pese a mi reticencia inicial a caer nuevamente en una serie de este tipo después de más de una decepción en el pasado, este desarrollo me ha cautivado. Es cierto que algunos puntos de la línea temporal que se nos presenta encajan un poco con calzador porque parecían cogidos por los pelos más que parte de un plan. También es cierto que la serie no mantiene el mismo ritmo en todo momento, con decisiones incomprensibles como dedicar episodios enteros a personajes secundarios sin mucho interés mientras que otros a priori más interesantes acaban tristemente ignorados. Pero, incluso con estos defectos, la serie cumple con creces lo que promete y sin duda vale mucho la pena.
Tampoco puedo dejar de mencionar que, a pesar de las enormes diferencias entre ambas series, Campamento mágico me ha recordado mucho a aquella maravillosa Centauria de la que me enamoré hace dos veranos toda vez que, salvando las distancias, en ambas series los protagonistas se ven transportados a un confuso mundo mágico diferente al que conocen. Por desgracia también creo que ambas series tienen en común que no son series que puedan entrar a todo el mundo y, así como lo excéntrico y disparatado de Centauria podía disuadir a más de uno, en Campamento mágico el problema puede ser lo excesivamente edulcorado del tono. En cualquier caso, considero que ambas son series que manejan de un modo sobresaliente su lado fantástico y deberían ser parada obligatoria para quien quiera dedicar unos minutos a soñar.

Ha querido la casualidad que no conociera esta serie hasta que se anunció su descancelación. Así pues, no he tenido ocasión de seguir su desarrollo en tiempo real a lo largo de sus seis temporadas, ni estuve allí para sufrir el mazazo de ver la serie cancelada en medio de ninguna parte con aún muchas preguntas en el aire. Quién sabe, tal vez si las circunstancias hubieran sido otras no habría visto la serie con los mismos ojos pero, para bien o para mal, el atracón de 120 episodios en estos meses ha acabado siendo una formidable experiencia que no dudaría en repetir, así que no puedo más que recomendar esta mágica serie.
I wanna stay with you on Summer Camp Island.

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🔗 | Publicado: 22:45

29 de julio de 2023

Googlenet

No es ningún secreto que, desde hace ya varios años, Google ha puesto todo su empeño en controlar Internet. En un principio, este control prácticamente se limitaba a la hegemonía absoluta de Google AdSense, un monopolio de facto responsable de la mayoría de publicidad en Internet y que, como bien saben los creadores de intentos fallidos como Vidme, convierte cualquier intento de crear un servicio que compita con otro de Google en una misión suicida.

Aunque este monopolio ante el que los reguladores prefieren mirar hacia otro lado supuso catapultar a Google a la elite de las empresas más poderosas, no fue suficiente. Nunca lo es. Lo que llevó a la creación de otras herramientas de control aún más turbias, entre las que destaca especialmente Google Chrome. Con una cuota de mercado que ya hubiera querido para sí Internet Explorer en sus mejores días, Chrome se sitúa a años luz de sus competidores en una carrera en la que el otrora estandarte del Internet libre Firefox, un competidor abiertamente subvencionado por Google, no tiene el menor interés en plantar cara.
El ridículamente desproporcionado éxito de Chrome no se produjo de casualidad. Al contrario que en el caso de Internet Explorer, cuya principal ventaja era simplemente venir instalado en Windows, Chrome usó una estrategia infinitamente más retorcida: el secuestro unilateral del estándar HTML.

Hasta la llegada de los esbirros de Google al W3C, el HTML era un estándar relativamente sencillo cuyos puntos negativos podían achacarse a errores más o menos inocentes y que se limitaba a establecer unos puntos bastante básicos sobre el formato de las páginas web. Hacer un navegador de Internet no era una tarea trivial, pero no estaba en absoluto fuera del alcance de una empresa que quisiera hacerlo, como fue el caso de Netscape o Konqueror.

Todo iba bien hasta que Google tuvo una idea repugnante que cambiaría Internet para siempre: enmerdar el estándar todo lo posible para destruir a la competencia. Poco a poco, Google fue añadiendo sugerencias completamente ridículas al estándar, muchas de ellas redundantes e innecesarias cuando no directamente hostiles, hasta convertir el relativamente sencillo estándar en algo monstruoso y completamente inabarcable.
El infumable engendro pergeñado por Google podría parecer la continuación de los errores que ya afectaban al antiguo estándar, si no fuera porque el extraordinario número de errores pone en duda su cualidad de meras equivocaciones sin maldad, pero sobre todo por el hecho de que esta inmanejable cantidad de errores supone un auténtico torpedo contra cualquier otro navegador.

Google no necesita pelearse con estas nuevas y ridículas adiciones, todas ellas ya están en el código de su Chrome para cuando deciden añadirlas al estándar, pero obligan a cualquier otro navegador a estar al día. Una tarea hercúlea hasta para los navegadores ya asentados y que llevó incluso al Edge de Microsoft a claudicar y convertirse en un mero Chrome con otro nombre. Y si difícil es para un navegador ya existente cumplir con el infumable estándar, aun lo sería más para quien quisiera hacer una nuevo navegador desde cero, para quien la tarea sería directamente imposible.
Obligar a los demás navegadores a rendirse, abandonar su código y convertirse en meros clones de Chrome no es una tarea desinteresada. Chrome (y sus clones) envían jugosos datos a Google, haciendo del propio navegador una herramienta de control con la que seguir engordando las cuentas de AdSense. Y, si esto no fuera suficiente, controlar el mercado global de los navegadores permite machacar aún más a la competencia en otros ámbitos.

Google ha mostrado en varias ocasiones su interés en eliminar por completo las cookies de Chrome. Como todos sabemos ya, estas cookies se usan para el seguimiento de los usuarios, pero su eliminación no supondría más privacidad, sino que únicamente se limitaría a hacer imposible el seguimiento por parte de terceras empresas. Google, con su seguimiento integrado en el propio navegador, seguiría funcionando y rastreando a todo el mundo sin la menor dificultad, solo que sin competencia posible.
El afán de Google por la dominación mundial ha alcanzado ahora un nuevo y repugnante hito con la indefendible introducción esta misma semana de Web Environment Integrity, algo que la comunidad no ha dudado en bautizar como el DRM para la web. En efecto, así como el DRM de toda la vida es un despreciable sistema creado para que grandes empresas puedan decidir lo que podemos y no podemos hacer en nuestros propios ordenadores, normalmente limitado a páginas de streaming o videojuegos, la idea es extender este puño de hierro a todo Internet. Resumiendo mucho, la idea es que, en adelante, los servidores solo sirvan contenido a los navegadores que se identifiquen como seguros. Una vez más, el viejo cuento de la seguridad, esta vez llevado al extremo del cinismo.
La excusa de la seguridad no es solo moralmente dudosa, dado que obviamente el objetivo no fue jamás mejorar la seguridad de nadie sino solo controlar Internet todo lo posible, es que en este caso es directamente mentira según cualquier posible definición del término. El único ataque que esta basura distópica podría evitar es uno en el que alguien manipulara la página que visitamos para que enviara nuestros datos a otro sitio en vez de donde nosotros queremos. Lo malo es que este ataque simplemente no existe.

Si alguien tuviera ese tipo de acceso a nuestro ordenador, le bastaría con leer las pulsaciones de teclado, sin necesidad alguna de manipular la página, algo que literalmente no se hace jamás. En todo caso, el ataque más habitual que sufre el ciudadano es meter sus datos en una página engañosa y este invento no hace absolutamente nada por evitarlo. Irónicamente, la única contribución de Google a los ataques reales, lejos de evitarlos, es hacerlos más convincentes y llevar a la gente a picar más fácilmente.

Como ya pasara con aquella reciente campaña de desprestigio contra Richard Stallman por parte de la miserable OSI a sueldo de Facebook y Microsoft, una de las ratas cómplices de este dislate tira cualquier resto de dignidad por la ventana y publica abiertamente el que muy probablemente será el ideario para defender esta abominación: los únicos que están en contra son los malvados hackers rusos que quieren hacer cosas malas. Poco importa que a los malvados hackers rusos se la pele tres cojones porque estas fastuosas medidas de seguridad no harán nada contra el espionaje ni el phising, poco importa que quienes realmente se oponen sean organizaciones intachables como la FSF. La verdad es irrelevante cuando eres una gran empresa y puedes pisotear el mundo a tu antojo.
Si nada lo impide, Web Environment Integrity tendrá efectos aterradores. Herramientas como Nitter o Invidious dejarán de jugar al juego del gato y el ratón para seguir funcionando, porque simplemente no podrán volver a hacerlo jamás. La RIAA no necesitará intentar tirar youtube-dl por millonésima vez, porque descargar cualquier video será sencillamente imposible. Los navegadores pequeños como Pale Moon o Waterfox dejarán de funcionar al no poder certificarse como seguros ante los ojos del amo y señor Google. El único modo de usar Internet será abriendo la última versión de Google Chrome y usándolo exactamente como una empresa decida que podemos usarlo.

Si alguna vez has usado otro navegador, si has instalado una extensión para cambiar el estilo de una página, si has usado un frontend alternativo para consultar Twitter, Reddit, o tu lector de noticias en lugar de abrir la página oficial, si has descargado un vídeo de YouTube o de Instagram para guardarlo, o incluso si simplemente has guardado una puta foto de una página para usarla como meme, aprovecha para volver a hacerlo ya mismo, porque la fiesta se acaba muy pronto. Porque, aunque no lo supieras, eres un malvado hacker ruso y Google va a acabar contigo.
Иди нахуй, Гугл.

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🔗 | Publicado: 16:26

22 de julio de 2023

Cosas justas, cosas que explotan

¿Qué cobertura moral necesitas para tirar bombas a los nazis, tío? Es lo único en lo que estoy de acuerdo incluso con Winston Churchill.
Secco
Este mundo no me hará mala persona ep. 5
- Cuatro millones de años luz (2023)

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🔗 | Publicado: 21:09

15 de julio de 2023

F. Ibáñez

Hace ya más años de los que merece la pena contar, en una mudanza especialmente traumática, perdí una gran colección de libros de Mortadelo. Muchos de ellos eran ediciones muy antiguas, heredadas de un primo que en sus años mozos también era un gran admirador de los agentes de la TIA. Otros tantos eran regalos de cumpleaños, cuando no podía faltar algún álbum de Super Humor. Si no me falla la memoria, incluso tenía algunos que habían sido expurgados de la biblioteca más cercana por su mal estado y conseguí que me los regalaran. Una colección completamente despareja, incompleta y caótica, pero que durante años fue uno de mis bienes más preciados. Sería imposible cuantificar cuántas horas le dediqué a aquellos maravillosos tebeos.

Aunque aquella colección no fue lo único que perdí en la mudanza, esa pérdida fue lo suficientemente significativa como para que la mencionara alguna vez en mis conversaciones con mis amigos. Algún tiempo después, uno de estos amigos me consiguió una colección de tebeos de Mortadelo escaneados con los que paliar la pérdida. Aunque no era lo mismo que tener mis viejos tomos de papel gastado, me pareció un gesto maravilloso.
Hoy que hemos perdido al maestro Francisco Ibáñez, no he podido evitar acordarme de aquellos tebeos escaneados. Aunque no deja de ser horrible piratería y todo lo que quieras, imagino la cantidad de horas que llevaría escanear todos aquellos libros. Un trabajo hercúleo que, violaciones de leyes varias aparte, muy probablemente nació del corazón, de alguien que amaba los libros de Mortadelo y Filemón tanto como yo. Tanto como mi amigo cuando entendió lo traumática que fue mi pérdida y quiso hacer algo para animarme. Tanto como el resto del mundo en este país. Porque, creo que no hace falta ni decirlo, Ibáñez no era alguien que podía sonarte o no, era patrimonio vivo de España y era imposible no admirarle.

Nos hemos quedado huérfanos del más grande, del tesoro del tebeo español. Pero tuviéramos o no una enorme colección, dedicáramos o no incontables horas a intentar preservar sus libros escaneándolos o simplemente bajándolos con un módem de 56k, millones de españoles crecimos leyendo su obra y hoy forma parte de lo que todos nosotros somos. Merluzos, alcornoques o botarates, si hay algo que nos une es la fantástica obra de Ibáñez y nunca podremos estar lo suficientemente agradecidos. Gracias, maestro.

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🔗 | Publicado: 21:52

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