Valadrem

«Parecen fuegos de artificio»

5 de mayo de 2023

Kiff (2023)

Cuando acabó la inigualable El asombroso mundo de Gumball no solo nos despedimos de la que considero la mejor serie que nos ha regalado Cartoon Network; su final, apenas un par de años después de la marcha de su compañera Historias corrientes, también supuso decir adiós al que por pleno derecho ya era el más grande referente del humor absurdo en la animación.

Sin duda sería injusto no reconocer la gran calidad de muchas otras series de dibujos que han venido después, pero no puedo evitar sentir que quedarnos sin Gumball, Darwin, Mordecai y Rigby dejó un hueco que costaría mucho llenar. Por eso no puedo más que celebrar el estreno de la nueva serie Kiff.
De la mano de Disney, quienes últimamente parecían demasiado empeñados en darnos más y más series intentando copiar la también desaparecida Gravity Falls con mayor o menor éxito, Kiff supone un soplo de aire fresco en el que en lugar de la millonésima historia superépica con mundos oscuros y magia arcana, podemos disfrutar sin más de las disparatadas aventuras de una ardilla que va al colegio y acaba metida en situaciones imposibles.

Aun con un tono un poco más inocente que Gumball y un unas aventuras algo menos surrealistas que las de Historias corrientes, Kiff consigue recordar, para bien, parte de lo que hizo tan geniales aquellas dos series de Cartoon Network y es una auténtica gozada.
Es cierto que, habiendo podido ver solo los pocos episodios que se han filtrado, puede que sea un poco pronto para lanzar las campanas al vuelo. Nada impide que la serie acabe siguiendo los pasos de otras de las series con las que comparte canal y el humor acabe en un segundo plano al lado de una pretendidamente transcendental trama de dudoso interés. Espero que no sea así.

En cualquier caso y mientras tanto, Kiff tiene todas las papeletas para convertirse en una de las mejores series de animación del año. Divertidísima y absolutamente recomendada.
Por cierto, y sin desmerecer en absoluto el doblaje español, la voz de Kiff en inglés es la de la grandísima Kimiko Glenn, quien ya pusiera voz a Yegua en Centauria o a Izzy Moonbow en la última película de My Little Pony, así que quien quiera darle una oportunidad a la versión original tendrá un muy buen motivo para hacerlo. Y quien prefiera esperar, que no olvide marcar en su calendario que la serie se estrena oficialmente en España el próximo 20 de mayo.

Etiquetas: , , ,

🔗 | Publicado: 16:15

27 de abril de 2023

Trees

If you live in the city, do your lungs a favor.
Plant a tree!

Sonic the Hedgehog
Adventures of Sonic the Hedgehog 1x09
- Momma Robotnik's Birthday (1993)

Etiquetas: , ,

🔗 | Publicado: 13:57

9 de abril de 2023

Beastars (2019)

Algo más tarde de lo esperado, por fin he puesto remedio a la que hasta ahora era una de las más clamorosas ausencias de mi lista de series. Beastars no solo es el anime furro por antonomasia de Netflix, sino que es también la primera sugerencia al acabar de ver (o simplemente al buscar) mi queridísima BNA, así que no tenía excusa para pasar esta serie por alto.
El estilo de la serie, alejado tanto del antropomorfismo al que las series de dibujos occidentales nos tienen acostumbrados como del kemono japonés más habitual, puede hacer de Beastars una serie que no entre por los ojos de primeras. Por suerte, no es un estilo al que cueste acostumbrarse y además resulta mucho más acorde a la historia que se nos cuenta, así que me gustaría comenzar con una invitación a no juzgar la serie por la portada a quien de entrada no sienta mucha simpatía por el desgarbado lobo protagonista.
Con un mundo mucho más cercano a la Zootopia de Disney que al de su serie vecina BNA, en Beastars no hay humanos ni gente que cambie de especie, solo hay carnívoros y herbívoros. Y, aunque la sociedad se basa en la convivencia entre ambos grupos, es esta convivencia algo mucho más frágil que en la película de Judy y Nick. La acción transcurre en la Academia Cherryton, un instituto que precisamente promueve las clases mixtas para favorecer esta convivencia. Una convivencia que puede saltar por los aires cuando una noche uno de los estudiantes herbívoros es devorado por un carnívoro dentro del edificio.

El suceso marca profundamente a los estudiantes de la academia, especialmente a Legoshi, un lobo gris compañero del estudiante asesinado. Permanentemente avergonzado de su propia fuerza, tímido y siempre apartado de los focos, la pérdida de su colega y más tarde un encuentro accidentado con Haru, una coneja blanca con la que sentirá una conexión especial, harán que Legoshi empiece a replantearse su odio hacia su fuerza y busque el modo de usarla para proteger a los herbívoros. Por su lado, Louis, un ciervo también compañero de Legoshi, también emprenderá su propia búsqueda del mejor modo de hacer que carnívoros y herbívoros puedan convivir.
Con una primera temporada impecable, tanto la evolución de los personajes como el desarrollo de todo el complejo mundo de Beastars hacen de esta una serie muy a tener en cuenta. Lejos de ignorar lo difícil que sería mantener de una pieza una sociedad en la que la mitad de la población ve a la otra mitad como un aperitivo, esto es algo muy presente en todo momento y la serie se mete en el barro para mostrarnos los oscuros secretos que hacen que las cosas se mantengan en su sitio, por lo menos en apariencia, mientras los personajes viven una lucha permanente, ya sea contra sus instintos o contra el temor de saberse víctimas potenciales en todo momento.

En el apartado técnico, la animación, pese a la a priori cuestionable decisión de usar CGI, acaba siendo enormemente acertada. Un sobresaliente trabajo de modelado hace que los personajes sean enormemente expresivos aun representando especies muy distintas, pero la animación no se limita a jugar sobre seguro sino que además arriesga con un gran manejo de los cambios de estilo para subrayar ciertas escenas y con una cinematografía fantástica que nos regala algunos planos más que memorables.
Por desgracia, la segunda temporada, algo más dispersa, baja ligeramente el nivel. Demasiados personajes entrando de la nada o desapareciendo sin más, tal vez demasiadas tramas. No llega a ser algo que desluzca el conjunto ni mucho menos, pero tras una primera temporada casi perfecta algunas decisiones en la segunda entrega resultan extrañas. A cambio nos queda este genial Monster de Yoasobi, canción de cabecera de la temporada que llegó a colarse en los primeros puestos de la lista de éxitos de Japón.



La tercera y última temporada de Beastars se estrenará en 2024, alrededor de tres años después de la segunda temporada, así que tengo confianza en que todo este tiempo extra para pulir los últimos episodios sirva para dar un buen cierre a la serie. Mientras tanto, y salvo que cambie mucho la cosa, Beastars tiene un bien merecido puesto de honor en mi lista de series imprescindibles.

Etiquetas: ,

🔗 | Publicado: 22:37

20 de marzo de 2023

Seguridad mal

Hace unos años, el genial xkcd publicaba una viñeta sobre cómo todos habíamos acabando usando contraseñas difíciles de recordar pero fáciles de adivinar para un ordenador, cuando en realidad todos podríamos estar usando contraseñas mucho más fáciles de recordar y difíciles de adivinar.
La viñeta tuvo gran resonancia, aunque como cualquiera pudo descubrir, era por desgracia de escasa utilidad. La mitad de las páginas en las que intentamos registrarnos nos obligan a usar mayúsculas, números y símbolos, llevándonos directamente a la categoría de difíciles de recordar, mientras que la otra mitad impone restricciones absurdas como longitudes muy cortas, con lo que usar varias palabras queda descartado.

Pese a lo limitado de su aplicación, la viñeta sí que sirve de ejemplo para un problema a menudo olvidado, los consejos mal. Anticonsejos. No empezamos a usar contraseñas difíciles de recordar por capricho, sino porque nos dijeron que era lo mejor. Un consejo que sin duda tenía su parte de verdad, pero acababa siendo negativo para nuestra seguridad. Y muy en el hilo de estos anticonsejos, hay otro consejo tan nefasto que me da sudores fríos cada vez que lo veo: el del candadito.
El saber popular nos dice que cuando queramos estar seguros de que la página en la que estamos es de fiar, tenemos que mirar ahí al lado de la dirección y fijarnos en que haya un candadito. Este consejo, que hace un par de décadas era completamente legítimo, es hoy el mayor disparate que podamos escuchar: el candadito no significa absolutamente nada, ni nos da absolutamente ninguna seguridad. Y podemos dar las gracias a Google por hacer ese candadito completamente inútil.

Cuando nació el consejo, la inmensa mayoría de Internet no estaba encriptado. Las páginas usaban el protocolo http, te conectabas a un servidor, el servidor devolvía la página, y cualquiera que hubiera pinchado tu línea (?) podía ver que estabas poniendo comentarios en el 20 minutos. Únicamente unas pocas páginas, las menos, estaban encriptadas y usaban el protocolo https, con esa s de secure al final y un candadito al lado de la dirección. Así, alguien que estuviera pinchando tu línea (?) sabría que entrabas en la web de tu banco, pero ya no podría ver tu saldo, ni ordenar una transferencia en tu nombre. Por entonces usar certificados https era algo muy exclusivo, únicamente usado por bancos, tiendas electrónicas y sitios por el estilo y era muy, muy improbable que alguien que quisiera hacerse pasar por tu banco hiciese una página https. El consejo de fiarse del candadito tenía sentido.

Cuando Google lanzó su navegador y decidió que solo ellos podían controlar Internet, la cosa cambió. No se habían ellos gastado varios millones en hacer su propio navegador para ver qué páginas visitas y qué haces en ellas, para que luego cualquiera que fuera por ahí pinchando tu línea (?) también pudiera ver lo mismo. Así que Google decidió que todas las páginas deberían pasar a https y empezó a presionar para que se cumpliera su voluntad. Moderadamente encomiable propósito, aunque no pudiera estar más lejos de ser desinteresado, esta decisión supuso la democratización absoluta de los certificados https. Es bastante sencillo para cualquiera con conocimientos de programación el añadir un certificado a un servidor, y para quien no quiera ni molestarse, muchos proveedores de hosting lo incluyen con sus paquetes habituales.
Esta democratización del https supone que ese malvado enemigo que pinchaba nuestra línea (ruso, seguro, siempre son rusos) ya no podrá espiarnos tanto. Sabrá la página porno en la que entramos, pero no sabrá qué vídeo vemos, así que ese oscuro secreto queda entre nosotros y los de la página. Bueno, y Google. Hasta ahí todo maravilloso y fantástico...

Lo que igual es un poco menos maravilloso y fantástico es que ahora nuestro malvado ruso que ya no nos puede espiar puede irse al proveedor de hosting más barato que encuentre, registrar un dominio con el nombre de nuestro banco por ahí en medio y, oh sorpresa, ahora tendrá una página falsa con un maravilloso candadito. ¿Os acordáis de que hemos educado a millones de personas en la asociación candadito = página segura? Bien, enhorabuena, ahora esos millones de personas confiarán en una página maliciosa gracias a que hemos quitado absolutamente cualquier significado al símbolo que anteriormente nos indicaba que podíamos confiar. Gracias, Google.
Por cierto, los efectos secundarios de la genial idea de Google no acaban ahí. Pese a lo masivo de su adopción, https es una tecnología bastante mierder y a lo largo de los últimos años hemos podido ver como, por debajo, las conexiones https iban cambiando continuamente. SSL 3.0, TLS 1.0, TLS 1.1... A medida que se lanzaba un nuevo protocolo, el anterior quedaba abandonado. Como también quedaban abandonados incontables equipos, incapaces ya de conectarse al no recibir actualizaciones.

¿Tienes en un cajón algún teléfono viejo con Android 2 o alguna BlackBerry anterior a BB10? Enciende tu cacharro y disfruta de emocionantes errores que te impedirán abrir ninguna de las páginas que guardaste en marcadores. Puede que sólo quieras ver el tiempo y no te importa que nadie te espíe, no importa, por tu seguridad, tu teléfono es ahora un ladrillo que te impedirá acceder a cualquier página. Guarda sitio para cuando todos y cada uno de los dispositivos que tienes ahora y aun funcionen sigan el mismo camino a medida que la tecnología siga avanzando y la obsolescencia progra... uh... quiero decir, la tu seguridad los haga completamente inútiles. La misma seguridad que lleva a que millones de personas hoy confíen en un candado que no significa absolutamente nada. Gracias, Google.

Etiquetas: , ,

🔗 | Publicado: 14:14

12 de marzo de 2023

Tres herramientas

Aunque últimamente casi toda la fama de las diferentes aplicaciones del aprendizaje automático se centra en generadores de imágenes como Stable Diffusion o en las distintas variantes de GPT, incluyendo el bot esquizofrénico de Bing, lo cierto es que hay muchas otras herramientas que tal vez hayan pasado un poco desapercibidas pero pueden resultar muy útiles. Voy a hablar de tres de mis favoritas.

Rembg
Creo que la entrada más añeja de la lista, y eso que su primera versión es apenas de verano de 2020, Rembg es una herramienta para eliminar el fondo de las fotografías, generando un PNG transparente con el elemento que esté en primer plano.

Aunque en ocasiones los resultados no acaban de ser completamente precisos, si queremos hacer una edición rápida puede ser de gran utilidad para salir del paso. La instalación es bastante sencilla, pero requiere instalar Python y tener unas nociones básicas sobre el uso de la línea de comandos.
Lama Cleaner
Hilando con el proyecto anterior, en ocasiones no queremos eliminar el fondo de una fotografía, sino únicamente algún elemento de la misma. Si bien el plugin Resynthesizer para Gimp nos puede sacar del apuro en muchos casos, a menudo se le notan los años de abandono y nos quedamos con las ganas de probar algo un poco más avanzado. Ahí es donde entra en juego Lama Cleaner.

No demasiado exigente en sus requisitos, resultados más que aceptables y una instalación muy sencilla entre sus puntos fuertes, la única pega que puedo ponerle es que las últimas versiones han ido añadiendo demasiados modelos, muchos de los cuales ni siquiera he llegado a probar por sus exagerados requisitos y porque por lo general el modelo por defecto (LaMa) cumple de sobra. Pero, supongo, para quien necesite los modelos más avanzados todos estos cambios serán bien recibidos.
Whisper
Con apenas unos meses de vida, Whisper ya se ha colado en mi lista de imprescindibles. Una herramienta que nos permite transcribir audio en gran cantidad de idiomas, incluyendo el español y el catalán. Tremendamente útil para generar rápidamente subtítulos de algún vídeo que no los tenga, para crear una transcripción de un podcast, o para cualquier otra tarea en la que sea necesario convertir audio a texto, la calidad del texto generado supera con mucho los infames subtítulos automáticos de YouTube con los que teníamos que conformarnos hasta ahora.

Aunque el proyecto original, basado en PyTorch, necesitaba de un ordenador con una tarjeta gráfica relativamente potente (o de Google Colab) para funcionar en un tiempo razonable, gracias a los avances de gente extraordinaria en la comunidad de software libre, existe una versión optimizada (whisper.cpp) que puede funcionar sin problemas en una CPU normal y corriente, de paso ocupando muchísimo menos espacio en disco que el proyecto original.

Rizando el rizo, existe una segunda vuelta de tuerca que aprovecha estas optimizaciones y las lleva de nuevo a la GPU, logrando velocidades aun mayores y necesitando menos VRAM, haciendo por ejemplo que el modelo large pueda funcionar perfectamente en una tarjeta gráfica con solo 4 GB de VRAM, algo que por los pelos no podía hacerse en el proyecto original.
Por supuesto, esta lista no pretende ser exhaustiva y me dejo en el tintero muchísimos otros proyectos interesantes, como el ampliador de imágenes ESRGAN (enlazo por aquí una guía de iniciación). En cualquier caso, creo que los programas que he recopilado hoy son una muy recomendable adición a cualquier carpeta de herramientas.

Etiquetas: ,

🔗 | Publicado: 22:37

18 de diciembre de 2022

Tunic: un juego con alma (de zorro)

Aunque no es una regla que siga a rajatabla, normalmente me gusta jugar a juegos de hace unos años. No tanto por el esnobismo de que antes los juegos se hacían mejor ni nada parecido, es simple comodidad, a ningún juego de principios de siglo se le va a quedar corto mi ordenador, y siempre se agradece que un juego ocupe solo un par de gigas en vez de varios centenares. Gracias a esto, los últimos años he revisitado juegos como la trilogía de Grand Theft Auto en 3D (III, VC y SA) o Half-Life 2 y sus expansiones, y he tenido ocasión de descubrir juegos que se me pasaron en su momento como Mirror's Edge o el divertidísimo Saints Row 2.
Cuando a principios de año llegó la fiebre por Elden Ring decidí que, en lugar de apuntarme a la moda, podía aprovechar para irme mucho más atrás en la saga y darle una oportunidad al primigenio Dark Souls, juego al que no le había prestado atención antes. Lo cierto es que, en este caso, la experiencia no fue demasiado memorable. Ya para empezar, los controles del juego eran poco menos que espantosos. Si bien es verdad que por lo visto se recomienda usar un mando en lugar de teclado, casi pareciera que la recomendación era más bien un ultimátum.

Mal que bien, tras superar el breve nivel de introducción, el gran castillo al que llegamos resulta enormemente interesante e invita a explorarlo, pero la mecánica del juego tampoco consiguió engancharme: una vez llegado al tercer jefe, quedaba claro que las armas que tenía eran a todas luces inadecuadas y el único modo de mejorarlas parecía ser cosechar incontables almas, matando una y otra vez a los mismos enemigos. Al cabo de unos días acabé dejando el juego y dando por imposible la saga Souls.
Cuando me recomendaron Tunic, un juego de este mismo año, uno de los comentarios más repetidos era sobre cómo se había inspirado en esta misma saga Souls. Mi regulera experiencia con la saga, unido al propio hecho de que era este un juego muy reciente que se salía de mi costumbre de irme a juegos más antiguos, casi hicieron que decidiera pasar de largo. Me alegro de que no fuera así.

El adorable arte del juego hizo que me decidiera a darle una oportunidad. El juego empieza de un modo muy sencillo, controlando a un pequeño zorrito explorador, enfrentándote a pequeños fantasmitas con la única ayuda de un palo. Nada espectacular en principio, pero lo suficientemente agradable como para animarme a seguir jugando. Y sí, la dificultad sube más adelante, pero al contrario que en el frustrante Dark Souls aquí nunca llegué a tener la sensación de estar atrapado en un bucle repitiendo lo mismo una y otra vez solo para poder avanzar atrapado en un bucle repitiendo lo mismo una y otra vez solo para poder avanzar.
Uno de los comentarios que leí mencionaba que Tunic es un juego que se disfruta más cuanto menos sepas de él, consejo que por suerte seguí y con el que estoy completamente de acuerdo. Se podría escribir mucho, muchísimo sobre el juego, pero creo que arruinaría la fantástica experiencia de descubrir de primera mano los secretos que nos aguardan. Así que me limitaré a decir que he disfrutado de cada minuto del juego, explorando el mundo del zorrito sin nombre, buscando pistas, resolviendo puzzles y peleándome con enemigos y misterios por igual. Y no puedo más que recomendarlo.

Decía al principio de la entrada que no creía que los juegos de principio de siglo fueran mejores, curiosamente Tunic nos lleva aún más atrás, a aquellos tiempos en los que los juegos estaban hechos a mano por equipos mucho más pequeños en lugar de por cientos de personas. No hay gráficos espectaculares ni escenarios inmensos, Tunic prefiere centrarse en el desarrollo de su historia, y lo hace de modo magistral. Casi una obra de orfebrería, un juego hecho con tanto amor que es imposible no amarlo de vuelta, Tunic es una pequeña maravilla y una auténtica joya. Imprescindible.

Etiquetas: , ,

🔗 | Publicado: 14:12

16 de diciembre de 2022

Calpurnio

Me ha llenado de tristeza enterarme de la prematura muerte de mi querido y admirado Calpurnio.

Aunque acabé por perderle la pista tras su marcha de 20 minutos, tengo desde hace ya mucho tiempo un gran cariño por su inolvidable El bueno de Cuttlas, especialmente por aquellos primeros años de su paso por el periódico gratuito. Hará ya 17 años, antes de Facebook y Twitter, antes de las fake news, cuando Internet era más ingenuo y más agradable, la sección de comentarios de los periódicos digitales se parecía poco a lo que es hoy.
Era en los comentarios de aquellas viñetas de Cuttlas donde nos congregábamos sus fieles seguidores, esperando pacientemente la viñeta del día, que a veces llegaba más tarde de lo que tocaba, o a veces los editores directamente se olvidaban de colgarla y nos quedábamos en los comentarios de la viñeta anterior, imaginando cómo habría sido la viñeta que ninguno habíamos visto tampoco en papel de aquel diario que no se vé. En ocasiones acompañados por un tal Jorge o un tal Sócrates, empeñados en alertarnos de nuestro pésimo gusto, mientras el resto de nosotros seguíamos allí día tras día, mes tras mes, lejos de preocuparnos por tristes troles, habíamos formado una pequeña comunidad alrededor de nuestro querido vaquero, y ya podían decir lo que quisieran que nadie nos iba a quitar la ilusión de llevar nuestro Pocket Cuttlas con un lápiz del Ikea en el bolsillo.
La viñeta de Cuttlas fue, durante mucho tiempo, una luz que iluminaba mi día. Aunque aquellos grandes momentos fueron quedando atrás a medida que tanto el periódico como el resto de Internet cambiaron, la noticia de esta incomprensible pérdida me ha hecho recordar lo importantes que fueron para mí. Por suerte tuve en su momento la ocasión de agradecer a Calpurnio su trabajo que siempre admiré, si no en persona al menos sí por escrito, y guardo con todo el cariño la sentida respuesta a aquel agradecimiento. Hoy no puedo sino volver a decirlo: Gracias, de todo corazón.

Que la tierra te sea leve, amigo.

Etiquetas:

🔗 | Publicado: 21:59

Archivo