Recientemente me he visto obligado a desalojar una cuenta de Google Drive que ha pasado de contar con almacenamiento ilimitado a tener un límite de aproximadamente el uno por ciento del espacio que estaba usando hasta ahora. Si bien es cierto que tenía la posibilidad de seguir conservando todos mis archivos pagando una cantidad absurdamente desorbitada al mes, que supongo que era el objetivo de la estafa desde el principio, afortunadamente he tenido la suerte de poder escapar de esta infame extorsión a costa de renunciar a todo cuanto guardaba en la cuenta.
Huelga decir que siempre he creído que lo de "espacio ilimitado" es una de las mentiras más estúpidas y ridículas de la ya de por sí increíblemente engañosa publicidad de todo cuanto rodea La Nube. Desde un punto de vista meramente físico, obviamente nada puede ser ilimitado en un planeta de recursos limitados, pero incluso yendo a lo más concreto, el precio del almacenamiento es el que es y no es nada barato. Ninguna empresa, ni siquiera Google, puede permitirse regalar discos duros (y la energía que cuesta mantenerlos conectados) bajo la absurda premisa de que un número indefinido de personas podrá guardar todo lo que quiera sin ningún límite. Es por eso que, desde que empecé a usar esa cuenta, siempre he tenido muy presente que la probabilidad de perder todo cuando el almacenamiento "ilimitado" dejara de serlo era muy, muy alta.
Aun así, no es raro descuidarse. Han pasado casi ocho años desde que la cuenta pasó a tener almacenamiento "ilimitado". Ocho años en los que siempre ha estado ahí, tragándose cuanto iba metiendo en ella. Aunque la teoría era que si perdía todo lo que había en ella no pasaba nada, he tenido que dedicar varias horas, muchas horas, a revisar que realmente podía ir borrando todo para entrar dentro del nuevo límite. Ha sido una experiencia bastante descorazonadora. El espacio que venía ocupando se podía resumir en dos grandes grupos completamente separados: cosas que no tenía en local porque no tenía demasiado interés en guardarlas pero iba dejando ahí porque podrían ser difíciles de encontrar más adelante por un lado, y una copia de seguridad extra de cosas que sí tenía y no quiero perder de ninguna de las maneras por el otro.
Revisar el primer grupo ha sido agobiante porque he tenido que tomar muchas decisiones. He guardado algunas cosas, ya sea porque ahora sí las quiero o porque sigo sin estar seguro pero me consta que ahora serían imposibles de encontrar, he borrado otras que ya no me interesaban, y me he quedado atascado con otras. La última carpeta que queda en mi cuenta, todavía por encima del límite, son unas grabaciones de televisión con anuncios y todo, episodios de una serie que ví en grupo y a los que tengo un gran cariño. Me niego a descargar las grabaciones y guardarlas en mi disco duro porque tengo versiones limpias de todos los episodios, en alta definición, sin cortes, sin logos y sin anuncios, así que sé que nunca volveré a ver las cutres grabaciones de televisión. Me cuesta borrar las grabaciones porque fueron aquellos episodios, con todos sus problemas, los que ví en su día. Son aquellos episodios los que disfruté con unos colegas y no hay ninguna otra copia en el mundo que permitiera recordar cómo fue ver aquellos episodios por primera vez. De no haber tenido la cuenta "ilimitada" nunca los habría guardado y no habría pasado nada, pero ahora me duele la idea de que cuando pulse el botón de Eliminar desaparecerán para siempre.
El segundo grupo, al menos, me ha ahorrado tener que tomar decisiones. Todo lo que tenía que guardar ya estaba guardado. Pero no por ello ha sido menos deprimente. A pesar de lo del almacenamiento "ilimitado" y a pesar de que, como he admitido, tenía algunas cosas que no merecía la pena guardar, nunca usé la cuenta para volcar todos lo que tenía por casa, a lo loco. A lo largo de casi una década había ido seleccionando y ordenando la incontable basura que tengo repartida entre diversos discos duros y había subido solo lo que quería tener aún más a mano, solo lo que merecía tener una copia más. Creía que no pasaría nada por perder esa copia extra, no contaba con que al perder la copia no perdería lo que contenía la copia, sino la cuidadosa clasificación que, casi sin darme cuenta, me llevó tantos años hacer. Una clasificación imposible de conciliar con mis caóticos discos duros y que a estas horas ya ni siquiera existe. No deja de ser retorcido que, de no haber revisado esta parte, nunca me habría dado cuenta de la increíble magnitud del trabajo que hice todos estos años ordenando incontables archivos. Quería estar seguro de no perder nada y solo me ha servido para ver lo que realmente estaba perdiendo.
No puedo decir que haya sido engañado, siempre supe que un día dejaría de contar con esta cuenta que nunca fue "ilimitada". El día ha llegado y ha resultado muchísimo más traumático de lo que había previsto. Ésa es la peor parte, incluso aunque sabía lo que iba a pasar y creía que estaría preparado, no lo estaba. ¿Tiene uno derecho a quejarse de una estafa si sabe que la estafa está ahí y aun así se deja atrapar? No lo sé. Pero me cago en quienquiera que sea que se inventó lo del almacenamiento "ilimitado" para engañar y exprimir a desprevenidos incautos.
Por cierto, mi cuenta tiene, una vez terminado este periodo de almacenamiento "ilimitado", un límite más bajo del que tenía antes de volverse "ilimitada" hace ocho años. Bien ahí. Gracias, Google.
—Oh, Max, qué terrible.
—Se lo merecía, era un asesino.
—Me pregunto si nosotros somos mejores.
—¿De qué estás hablando, 99? Tenemos que matar, aniquilar, destruir. Representamos todo lo que es bueno y honorable en el mundo.
Agente 99 y Maxwell Smart
Superagente 86 2x11 - La isla del condenado (1966)
La nueva generación de My Little Pony está apostando fuerte por repartirse entre diferentes tipos de medios, desde una serie en Netflix hasta un videojuego pasando por una serie de cortos en YouTube. El último corto que hemos tenido ocasión de ver (por aquí en latino, no está doblado en español de España*) muestra cómo Izzy, una de las protagonistas, consiguió las piezas necesarias para restaurar un farolillo que resulta importante en el especial de Netflix.
Aunque el episodio será de poco interés para quien no conozca a los personajes ni sepa de qué va lo del farolillo, la canción es una de las más surrealistas y divertidas invitaciones al reciclaje extremo que recuerdo. Con todos ustedes vosotros, All for the Love of Trash.
T.R.A.S.H.
Doesn't mean it's waste
T.R.A.S.H.
With a dash of taste
Whoo hoo, whoo hoo
Make it brand new
*Actualizado (3 de agosto): ha llegado con casi dos de meses de retraso, pero por fin tenemos doblaje en español de España del episodio, aquí titulado Zambullida basurera. ¡Dentro vídeo!
Cuando intervienen ya no hay que temer
Los malos tienen que correr
Canción de cabecera
Chip y Chop: Guardianes rescatadores (1989)
Como mucha otra gente de mi generación, le tengo un enorme cariño a aquella serie de Chip y Chop que vimos en los primeros noventa. Es cierto que a estas alturas mis recuerdos están bastante borrosos y no he vuelto a ver ningún episodio desde hace ya casi treinta años, pero eso no impide que mi respuesta instintiva cuando hay que llamar a alguien no sea sugerir los Cazafantasmas, sino los Rescatadores, ni que todavía a día de hoy, aunque sea muy de vez en cuando, aún canturreo malamente la canción de la cabecera alguna vez. Creo que un buen resumen de esta distante pero afectuosa relación es que aún recuerdo cuando alguien me hizo notar que, en contra de lo que llevaba como dos décadas repitiendo, en realidad la canción de la serie nunca había dicho "cuando intervienen nada hay que temer / todo lo pueden resolver".
Si el regreso de los Guardianes Rescatadores hubiese sido como el de aquella que fuera su serie hermana en el primer Club Disney de Televisión Española, probablemente no le habría prestado ninguna atención. Apenas llegué a ver un par de episodios de las nuevas Patoaventuras de 2017, pero incluso aunque me pareció una serie bastante agradable e infinitamente superior a otros experimentos como el vergonzoso engendro de las Supernenas de 2016, la nueva encarnación de los patos no consiguió engancharme.
Así y todo, tenía bastante curiosidad por la nueva película que llegaba esta semana a Disney+, Chip y Chop: Los guardianes rescatadores. No tanto porque fuese una película que estuviese esperando en modo alguno, sino porque me resultaba harto enigmática, confusa incluso. Al contrario que las renovadas Patoaventuras que eran una actualización del clásico, esos Chip y Chop parecían simplemente los de la serie original, más o menos. ¿Por qué precisamente aquella versión de las ardillas si Chip y Chop eran personajes de Disney desde mucho antes? ¿Tiene sentido mantener una referencia a Magnum tanto tiempo después? ¿Es suficiente motivo para hacer una película la potencial nostalgia de una serie que llevaba treinta años en el cajón?
Ni la sinopsis de la película ni el tráiler aclaraban demasiado. ¿Era un sentido homenaje? ¿Una cruda parodia? ¿El enésimo refrito que no es más que una simple excusa cutre para sacar dinero?
Después de haber visto la película, la respuesta puede resumirse en... sí. Sí, es todo eso y alguna otra cosa. La película se las apaña para tocar todos los palos, tanto para bien como para mal. Hay algunas escenas muy, muy divertidas, seguidas de otras escenas muy, muy forzadas. Giros dignos de aplauso y otros que causan bochorno. Ideas brillantes y otras del montón. Un auténtico batiburrillo. Entonces, ¿merece la pena? Para mí la respuesta vuelve a ser un, en este caso más que rotundo, sí.
Chip y Chop no es una película para todo el mundo. Enormemente marcada por la nostalgia, puede que no le diga demasiado a la gente que no le guarde cariño a las ardillas. Su parte de parodia puede resultar molesta a quien la encuentre poco respetuosa con el material original, mientras que en su vertiente de homenaje puede llegar a resultar incluso algo ñoña. Me atrevería a decir, no es una película para la eternidad. Pero tampoco es, en absoluto, una película que pase sin más, destinada a olvidarse cinco minutos después de vista. Para quien tenga la suerte de estar dentro del grupo de gente capaz de disfrutarla, Chip y Chop es una delicia. ¿Imperfecta? Sí. ¿Entretenida? Muchísimo más.
Creo que, irónicamente, una de las cosas más bonitas de esta película es el mero hecho de que exista tal cual es. A la vista está, en Disney eran plenamente conscientes de que no estaban haciendo su próximo clásico, no ya solamente por el estreno directo en Disney+, sino porque incluso se puede ver dónde se metió tijera en el presupuesto. Algo especialmente notable en el caso de Chip, que debería estar animado a mano, pero acabo siendo un modelo 3D disimulado con cell shading.
La película podría haberse quedado en una cutre copia de los Pitufos llevando a las ardillas a la ciudad, pero gracias a su guion es mucho más que eso. Las limitaciones de presupuesto podían haberse cargado los cameos que aderezan el metraje, pero estos están hechos con el máximo cariño. Se veía venir un auténtico desastre en potencia e incluso podemos ver las grietas por donde todo podía haber saltado por los aires, pero pese a todo la película consigue resistir y salir del paso con una enorme dignidad.
Incluso si nadie se acuerda de esta encantadora película en un par de años, nadie le podrá quitar el triunfo de que, contra todo pronóstico, es una auténtica gozada.
Tal vez mi mala memoria sí que tenía razón después de todo. Cuando intervienen nada hay que temer, todo lo pueden resolver.
Allá por 2006 llegaba a nuestras pantallas, o por lo menos a las pantallas de nuestros ordenadores, la inolvidable The IT Crowd (conocida aquí como Los informáticos). Por pleno derecho, una de las series más divertidas que nos ha regalado el Reino Unido. Aunque su fama está más que justificada, The IT Crowd tuvo la suerte de salir en un muy buen momento para las series: hacía apenas un par de años del estreno de Lost, la serie que nos enseñó que en vez de esperar meses (¡o años!) para ver las series que lo petaban en el extranjero podíamos tirar de torrent y subtítulos. La primera década del siglo nos descubrió un nuevo modo de ver series y sin duda contribuyó a que pequeños tesoros como esta serie no pasaran desapercibidas.
Otras series no tuvieron tanta suerte. Once años antes de que conociéramos The IT Crowd, las pantallas del Reino Unido daban la bienvenida a otra serie de mano del creador Graham Linehan: Father Ted (literalmente, Padre Ted). Aunque la serie sí gozó de éxito en su tierra natal, sin la inestimable ayuda de la temible piratería este éxito nunca llegó a cruzar nuestras fronteras, por lo que esta serie es aun a día de hoy bastante desconocida. No hay más que ver que, en el momento de escribir esto, Father Ted tiene solo 343 votos en FilmAffinity frente a los 26.011 de The IT Crowd.
Father Ted es una comedia sobre la vida de una parroquia en una pequeña isla de Irlanda. Aunque el tema pueda parecer bastante mundano, los personajes son sencillamente fantásticos y, por encima de todo, el sentido del humor del que hace gala la serie es simplemente magistral. Que nadie se engañe, no es esta una de esas series que podemos ver con una sonrisa en la cara. Para nada. Es una serie divertidísima que nos obliga a reír a carcajadas.
Sin desmerecer en absoluto ninguno de los trabajos posteriores del genial Linehan por el agravio comparativo de dedicar estas palabras solo a una serie en concreto, Father Ted es una auténtica joya que merece ser conocida y recordada. Por desgracia es un poco difícil de encontrar, pero la recompensa de poder disfrutar esta sobresaliente serie bien merece el esfuerzo. Absoluta, total, completa y definitivamente imprescindible.
Escribía hace unos días como tras una cansinamente insistente recomendación había acabado viendo Made in Abyss. Mencionaba también que no era muy aficionado a la animación oriental, eufemismo para decir que nunca antes me había interesado lo más mínimo ni me había molestado en ver ninguna serie más allá de algún episodio suelto de Shin Chan cuando lo echaban en Neox.
Como mi incursión en lo del anime no acabó demasiado mal, a la lista de insistentes recomendaciones se ha añadido un segundo nombre, Puella Magi Madoka Magica. Al parecer, Madoka Magica es un clásico entre las recomendaciones de animes para gente a la que no le interesa el anime. No es de extrañar. Lo cierto es que, muy probablemente, el mejor modo de consumir la serie sea verla sin saber nada de ella, sugerencia que seguí en su momento, pero aun así no me resisto a escribirle una entrada.
Madoka Magica es una serie muy corta, con una única temporada de 12 episodios. Viendo el primer episodio puede parecer que la serie es simple y llanamente la idea exacta que cualquiera que no sepa mucho de anime tiene de lo que es un anime: unas chicas mágicas de instituto se dedican a luchar contra monstruos mientras ponen caras muy cuquis y sonríen mucho y llevan minifaldas muy cortas. Así como la antes mencionada Made in Abyss partía de la base de un mundo bastante interesante que la serie se dedicaba a explorar, aquí el punto de partida no podría ser más anodino.
Aunque la serie se toma algo de tiempo para empezar a mostrar sus cartas, al llegar al tercer episodio ya no podemos sino reconocer que la historia que estamos viendo no es en absoluto lo que habíamos supuesto al principio. Puede que las sorpresas que guarda Madoka Magica resulten menos sorpresivas para alguien más acostumbrado a series de este tipo, pero como neófito absoluto por lo menos a mí han conseguido mantenerme pegado al asiento. Por supuesto, la cosa no queda ahí y a partir de este punto la serie continúa yendo a más, jugando sus bazas de un modo que invita a no apartar la mirada hasta el final. Un final que, a pesar de algunas aristas que quedan sin pulir, me ha parecido un más que grandísimo final.
Esta vez sí, hago mía por completo la recomendación que me hicieron y, yo también, recomiendo esta Madoka Magica. No por ello voy a dar un vuelco completo a mi anterior desinterés general por el anime para volverme un otaku ni nada por el estilo, pero sí admito que fue un error por mi parte ignorar este tipo de animación si eso me hizo perderme series como esta. En cualquier caso, añado que la serie tuvo una continuación en forma de película un par de años después, Rebellion. No he visto esta película y puede que no la vea nunca, el final de la serie era un muy buen punto para dejarlo, pero pase lo que pase en esta película, no puede desmerecer en absoluto esta fantástica serie. Recomendada queda.
Curiosidad random: en la versión original, Emiri Katō, voz de Kyubey, es también la actriz que puso voz a Fluttershy en el doblaje japonés de Friendship is Magic, lo que explica la a priori incomprensible abundancia de fanart con ambos personajes. El doblaje de España no comparte la relación entre estos dos personajes, pero mantiene la conexión entre ambas series por triplicado: Madoka, Homura y Sayaka tienen aquí las voces de Fluttershy, Applejack y Pinkie Pie respectivamente.
Hace unos días me recomendaron que viera Made in Abyss, una serie japonesa de animación para adultos que al parecer gozó de relativa fama hace unos años. Aunque la serie tiene ya cinco años, no soy muy aficionado a la animación oriental, por lo que no le había prestado ninguna atención hasta ahora. Estaba tentado de dejar pasar la recomendación, pero tras ver que, a fecha de hoy, la serie cuenta únicamente con 13 episodios finalmente me he decidido a darle una oportunidad.
La premisa de la serie resulta bastante interesante. En una remota isla hay un gigantesco pozo, el Abismo, el último lugar de la tierra aún sin explorar. En su interior, toda clase de bestias desconocidas y algunos restos de las civilizaciones que pasaron por allí en el pasado. A su alrededor, una ciudad fundada por los exploradores que llevan siglos intentando desentrañar los secretos del pozo. El Abismo continua siendo un misterio sobre todo por algo que nadie ha conseguido evitar: una maldición que dificulta enormemente la subida, haciendo ya del regreso desde las capas superiores una ardua tarea y convirtiendo el intento de subir desde una mayor profundidad en una sentencia de muerte.
La serie comienza con Riko, una niña de un orfanato local, hija de una gran exploradora desaparecida años atrás en el Abismo. Un día Riko se encuentra con Reg, un robot con la apariencia y personalidad de un niño de su edad, pero sin recuerdos de ningún tipo. Tras estudiar a Reg, Riko llega a la conclusión de que su extraordinaria tecnología tiene que venir de otro lugar, por lo que con toda seguridad Reg está hecho en el Abismo. Al tiempo, un mensaje desde las profundidades del pozo hace pensar a Riko que su madre sigue viva, por lo que se embarca con Reg en un viaje sin retorno al fondo del Abismo en busca de respuestas.
Una vez presentado el escenario y sentadas las bases de la historia, la serie cumple de sobra. El ritmo es excelente y a medida que avanzamos vamos descubriendo más, tanto del Abismo como de los personajes, lo que invita a no querer abandonar. La animación, si bien un tanto chocante por el fuerte contraste entre el estilo infantil y la cruda historia que cuenta, resulta sobresaliente; y la música que acompaña a la serie, tanto los dos temas principales que sirven de introducción y cierre a cada episodio como la música de ambiente que ilustra cada capa del Abismo, es de una gran calidad.
Por desgracia, la serie también tiene algunos problemas. Sin duda el más molesto es que, a ratos, la historia parece convertirse en una mera excusa para torturar de diversas maneras a los personajes. Algo que resulta tolerable al principio pero se vuelve más molesto hacia la segunda mitad de la temporada, con momentos realmente incómodos como la gratuita escena de violencia del episodio 7, que más parece una exhibición de sadismo que algo que tenga que ver con nada. La irregular caracterización de los personajes es también uno de los puntos débiles de la serie, resultando especialmente desafortunado en el caso de Riko, la protagonista, cuyo irracional entusiasmo acaba resultando ridículo en ocasiones. Si bien la serie intenta justificar la irrefrenable atracción de Riko por el Abismo, por momentos su comportamiento parece directamente suicida, lo que dificulta simpatizar con ella cuando las cosas salen regular.
En el otro lado de la balanza, uno de los grandes aciertos de la serie es Nanachi, un personaje que solo aparece hacia el final del episodio 10 pero consigue robar completamente la temporada. Sin entrar demasiado en detalles, su trágica historia cuenta con el que es, de lejos, el momento más desagradable de la temporada, pero al menos en este caso resulta también enormemente emocional, consiguiendo dar una profundidad mucho mayor a la serie y haciendo de Nanachi un personaje inolvidable.
Made in Abyss es una experiencia interesante. Creo que la serie se apoya demasiado en intentar impactar al espectador como para que pueda considerarla la obra maestra que me prometieron cuando me la recomendaron, pero igualmente debo reconocer que, dejando a un lado lo que algunas de sus escenas más gráficas pueden hacer creer, hay muchísimo más en la serie que violencia sin sentido.
No estoy seguro de si, hoy por hoy, podría incluir la serie en mi lista de recomendaciones, pero lo cierto es que sí tengo bastante interés por ver si en su segunda temporada la serie es capaz de centrarse mejor en sus puntos fuertes. Espero que así sea.
Actualizado (unas horas después): En el momento de escribir lo anterior había asumido, por error, que la serie continuaría en la segunda temporada que se estrenará este año. Sin embargo, hay una película de 2020 que sirve de secuela a esta primera temporada: Made in Abyss: Dawn of the Deep Soul.
Una vez vista esta película me reafirmo en mi interés por ver la segunda temporada, pero el nivel de violencia extrema de la película que hace palidecer los episodios anteriores me obliga a añadir una adenda a lo escrito anteriormente: esta violencia no es ya algo que meramente pueda resultar desagradable, sino que supera con creces lo que mucha gente considerará tolerable, por lo que creo que es necesario hacer notar a cualquiera al que esto le suene mal que haría bien en pasar de largo. Dicho queda.